Desconfianza y juventud

La confianza social se está volviendo cada vez más difícil de establecer y mantener. Y la pandemia de la covid podría haber agudizado, especialmente, la desconfianza de los más jóvenes en relación con la política y los líderes. Un estudio realizado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) proporciona la primera evidencia a gran escala sobre los efectos de las epidemias en la confianza política de los jóvenes en sus años impresionables (de 18 a 25 años), que impactarán de manera duradera sobre su confianza en el gobierno, las elecciones y los líderes, y que no se producen en las personas que aún no han alcanzado la edad impresionable, o que la han pasado en el momento en el que estalló la epidemia.

No se ha evidenciado tampoco un impacto análogo en relación con otros ámbitos como la policía, el ejército­ o los bancos. De hecho, se obser­va que los gobiernos que respondieron peor a la emergencia de salud pública son los más vulnerables a esta erosión de la confianza.

En este contexto, se sigue hablando de la apatía de los jóvenes y de su desinterés por la política. Sin embargo, hace años que son precisamente estos quienes están tomando protagonismo para poner en agenda algunas de las causas que más les preocupan: el cambio climático, la igualdad, las brechas de género, socioeconómicas… Y son ellos y ellas, con sus iniciativas, manifestaciones y protestas, con la organización de movimientos en todo el mundo, los que están participando de manera activa en la vida pública, a pesar de las barreras estructurales existentes, que les impiden participar en la política formal.

Un 76% de los menores de 30 años piensa que los políticos no les escuchan y un 69% de las personas piensan que si hubiera más oportunidades para que estos jóvenes tuvieran voz en el desarrollo de políticas, mejorarían los sistemas políticos.

Está claro que uno de los mayores desafíos que enfrenta la política, en un contexto de crisis y fatiga democrática, es la desconfianza y poder generar, de nuevo, un clima de cohesión social. Y en un escenario donde la mitad de la población mundial está por debajo de los 30 años, eso no será posible sin ofrecer los mecanismos efectivos que permitan contar con (y sumar) el valor diferencial de los verdaderos protagonistas de nuestro futuro: los y las jóvenes.

Publicado en: La Vanguardia (26.05.2022)

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