Snap y la innovación

Snap es una compañía que me encanta: además de la absoluta chulería de negarse a vender a Facebook en 2013 cuando eran aún muy pequeños, y de mantener un desarrollo coherente a lo largo del tiempo, su red social sigue creciendo a pesar de los muchos que habían pronosticado su fracaso, y alcanza los 332 millones de usuarios – bastante más grande que Twitter.

La compañía, cuyo análisis no resulta tan obvio desde mercados como España en los que mantienen menos presencia, acaba de lanzar Pixy, literalmente una cámara voladora, un mini-dron con seguimiento que hace la función de palo selfie, y que aunque tiene sus obvias limitaciones (batería tan solo para unos pocos vuelos, calidad de filmación solo regular y incapacidad para gestionar un poco de viento), supone una forma de crear contenidos interesante y divertida para el tipo de público que utiliza Snapchat. El lanzamiento recuerda poderosamente el de las Spectacles en 2016, sus gafas con cámara, que apuntaban también a la idea de la redefinición de la cámara que presentaron con el rebranding de la compañía a Snap: dado el desarrollo tecnológico actual, podemos poner una cámara en prácticamente cualquier sitio, y utilizar sus posibilidades para crear contenido.

En sus últimos resultados, Snap no ha llegado las previsiones de los analistas y el precio de su acción ha descendido, pero mantiene una valoración en torno a los cincuenta mil millones de dólares y, sobre todo, una forma propia de hacer las cosas, que no sigue miméticamente los movimientos de otras compañías de la industria. Si vemos el mapa de productos que la compañía ha ido lanzando a lo largo del tiempo, vemos que de aquella app transgresora y con cierta mala fama que lanzó la idea de la comunicación efímera y que hacía que los padres se pusieran nerviosos cuando la veían instalada en los smartphones de sus hijos, hemos pasado a todo un ecosistema social que posibilita la comunicación habitual de toda una generación en varios países.

Snapchat no imita, sino que es imitada, y además, no genera en sus usuarios muchos de los problemas que sí provocan otras redes sociales, ni los persigue de manera obsesiva con publicidad, aunque tiene un modelo razonablemente versátil de cara a sus anunciantes. Definitivamente, si alguno llegó a pensar que Snapchat había muerto cuando Facebook la copió con sus Instagram Stories, que sepa que le queda mucho por ver.

De cara al futuro, Snap afirma que la idea de metaverso que tienen compañías como Facebook es sumamente hipotética y poco interesante, y que ellos aspiran a aumentar el mundo real, en lugar de intentar sustituirlo, apuntando a un fuerte posicionamiento en torno a la realidad aumentada frente a la virtual.

Desde el punto de vista de innovación, me sigue pareciendo, después de seguirla ya durante toda su andadura, una compañía francamente interesante.

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