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En un entorno donde la estabilidad financiera personal es un desafío para millones de personas, especialmente en los días cercanos al fin de quincena, surge una solución innovadora que promete cambiar la forma en que compramos y accedemos al crédito. Pulso Capital entrevistó a Benjamín Brinquis, cofundador y CEO de YaYa, la fintech colombiana que está revolucionando el sistema de pagos con su tarjeta virtual Mi YaYa, una herramienta que permite comprar ahora y pagar quincenalmente sin intereses, de forma rápida, segura y accesible para todos.
Una alternativa sin intereses para personas y negocios
Mi YaYa ofrece a los usuarios una tarjeta virtual que puede utilizarse en tiendas físicas mediante códigos QR, con un modelo de pago quincenal: si compras entre el 1 y el 15 del mes, pagas el día 20; si compras entre el 16 y el 30, pagas el día 5 del mes siguiente. Además, la app proporciona acceso gratuito al puntaje crediticio del usuario, lo que facilita la toma de decisiones financieras informadas. Para negocios, Mi YaYa representa una solución digital sin comisiones, que permite recibir pagos de forma eficiente y sin fricciones.

La propuesta de valor: inclusión financiera con tecnología
Con una interfaz sencilla, sin costos ocultos, y una propuesta centrada en la transparencia, Mi YaYa busca democratizar el acceso al crédito en Colombia. Su modelo no solo responde a las necesidades del consumidor promedio, sino que también fortalece la economía de pequeños negocios. Durante la conversación con Benjamín Brinquis, exploramos cómo esta plataforma está impulsando un nuevo modelo de consumo consciente y responsable, que redefine la relación entre usuarios, crédito y tecnología financiera.
Descubre la visión detrás de Mi YaYa y cómo planean transformar el futuro del crédito en Colombia en la entrevista completa.
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¿Qué es YaYa y cuál es su propuesta de valor?
Estamos construyendo una de las primeras redes de pagos y créditos en Latinoamérica diseñada específicamente para personas de bajos y medianos ingresos. Para lograrlo, hemos desarrollado un sistema de circuito cerrado, similar al modelo de Diners Club hace 15 años, en el que los pagos se realizaban dentro de una red exclusiva.
Con Yaya, replicamos ese enfoque: es un ecosistema cerrado de pagos y créditos que conecta a nuestros usuarios —personas de ingresos bajos y medios— con una tarjeta de crédito digital y propietaria, llamada también Yaya, que pueden usar en una red de comercios aliados.
Imagina los establecimientos cotidianos: tiendas de barrio, ferreterías, farmacias, carnicerías, entre otros. Nuestros tarjetahabientes utilizan su tarjeta digital Yaya para comprar en estos comercios mediante un sistema de pagos con códigos QR. Eso es Yaya: una red de inclusión financiera, práctica y accesible.
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¿Cuál fue el principal problema que identificaron en los trabajadores de ingresos bajos y medios de LAC que los llevó a crear Mi YaYa como una red de pagos “closed-loop”?
En junio de 2023 viví una experiencia que me marcó profundamente. Estaba en el norte de Colombia cuando una mujer que trabajaba en la casa me pidió prestados 10.000 pesos colombianos para ayudar a su sobrina con los gastos de su fiesta de 15 años. A los pocos días, me devolvió el dinero con un 50% adicional. Cuando le dije que solo le había prestado 10.000, me respondió: “Ajá, niño, así funciona en el barrio”. Ese momento despertó en mí una enorme curiosidad por entender la lógica financiera de muchas personas en este contexto.
Durante los tres meses siguientes, viajé por varias de las principales ciudades del país. Me reuní con grupos de trabajadores, especialmente del sector de la construcción, y empecé a hacer preguntas para conocer sus necesidades y su realidad económica. Y lo que encontré fue contundente: la mayoría de las personas trabaja, pero muchas lo hacen en condiciones de informalidad, con ingresos bajos e inestabilidad constante.
En toda la región —Caribe y América Latina— más de 300 millones de personas no tienen acceso a crédito formal, y más de 140 millones trabajan en la informalidad. En Colombia, más de 40 millones de personas viven en situación vulnerable, con ingresos menores a 500 dólares al mes.
Esa vivencia me ayudó a identificar un problema estructural: millones de personas se esfuerzan a diario, pero aun así no logran cubrir lo básico a fin de mes. Fue en ese momento cuando decidí que debía hacer algo para intentar cambiar esa realidad.
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¿Cómo funciona el modelo de crédito quincenal sin intereses de Mi YaYa y qué mecanismos utilizan para evaluar el riesgo crediticio en usuarios sub-bancarizados?
Empezamos siempre por el cliente y trabajamos hacia atrás. Para una persona con ingresos medios o bajos, la experiencia con nuestra tarjeta es muy fluida. Primero, descarga la aplicación MIYAYA.
Desde ahí, puede solicitar su tarjeta en tan solo tres minutos, de forma completamente digital y sin papeleo. Luego realizamos un proceso de verificación biométrica KYC (Know Your Customer).
En una hora recibe el resultado, aunque estamos trabajando para que sea instantáneo. Después interviene nuestro motor de inteligencia artificial propietario, que evalúa el riesgo en segundos y decide si aprueba o no la tarjeta.
Una vez activada, el usuario puede utilizar su tarjeta MIYAYA para comprar en comercios aliados mediante pago con código QR. Cada dos semanas, devuelve lo que ha gastado, junto con una tarifa de uso.
Nosotros no cobramos intereses. En su lugar, aplicamos una tarifa de uso muy clara y sencilla: si usas la tarjeta, pagas la tarifa; si no la usas, no pagas nada.
En cuanto a la evaluación del riesgo, nuestro proceso de análisis (underwriting) tiene cuatro capas:
- Onboarding inteligente: recopilamos datos demográficos, psicométricos y biométricos del cliente durante el registro.
- Colateral social: dos tercios de nuestros usuarios llegan referidos por comercios o por otros tarjetahabientes. Evaluamos la solidez de esa referencia.
- Modelos de riesgo propietarios: utilizamos dos modelos —uno estadístico y otro basado en inteligencia artificial avanzada—, y la tarjeta se aprueba solo si ambos coinciden.
- Reinforcement learning quincenal: cada 15 días, el sistema actualiza los límites de crédito según el comportamiento del usuario, incorporando nueva información para ajustar el modelo de forma continua.
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¿Qué ventajas concretas han observado los comercios aliados tras integrar Mi YaYa como método de pago, y cómo miden ese impacto en ventas y fidelización?
En Colombia —y sé que es un problema común también en México y otros países de América Latina— existe una práctica muy extendida: el fiado. ¿Te suena familiar ese término? Pues bien, se estima que solo en Colombia, las tiendas de barrio fían alrededor de mil millones de dólares al año.
Una de las primeras ventajas que destacan los comercios que utilizan nuestra solución, especialmente las tiendas, es que ya no necesitan fiar. Por ejemplo, si una clienta llega y pide comprar a crédito, el comerciante puede decirle: “Ya no fío, descarga la tarjeta Yaya”.
Ese es el primer beneficio. El segundo es que comienzan a recibir pagos digitales por primera vez. En Colombia, solo el 8% de las compras se realizan con tarjeta de crédito o débito; el 74% todavía se efectúan en efectivo. Con Yaya, los pequeños negocios pueden aceptar pagos digitales y con tarjeta sin ningún costo adicional. No necesitan invertir en hardware ni en datáfonos, y no cobramos comisión por transacción (conocida como Merchant Discount Rate o MDR).
Por primera vez, estos micronegocios tienen acceso a pagos digitales sin barreras. Y esto tiene un efecto inmediato: aumenta el valor promedio de cada compra. Ya no es que el cliente llega con solo dos o tres dólares en efectivo; ahora puede usar una tarjeta con un saldo de 20 dólares o más para hacer su compra.
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En un entorno donde muchas personas aún dependen del “fiao”, ¿Cómo han logrado generar confianza y adopción en usuarios que no están acostumbrados a productos financieros formales?
Desde la perspectiva del cliente, la experiencia es completamente transparente. Para ellos, no hay diferencia entre que el tendero les fíe o que puedan pagar dentro de una quincena con la tarjeta Yaya. Lo que realmente estamos logrando —y que representa una de las grandes ventajas de Yaya frente a otras fintechs enfocadas en el consumidor— es que no estamos intentando cambiar sus comportamientos.
Lo que hacemos es integrar un nuevo método de pago en los comercios que el cliente ya frecuenta: tiendas de barrio, ferreterías, farmacias, entre otros. No estamos alterando su rutina ni su forma habitual de comprar.
Simplemente le damos acceso a una tarjeta de crédito digital desde la app. Además, considerando que Latinoamérica es actualmente la región con mayor adopción de pagos vía QR, estamos alineados con un comportamiento que ya es común. En resumen, no pedimos que el cliente cambie; nos adaptamos a su día a día.
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La propuesta de valor para los comercios incluye $0 de inversión y 0% de comisiones. ¿Cómo se sostiene financieramente Mi YaYa bajo este modelo y cuál es su fuente principal de ingresos?
Claro, ¿por qué comenzamos con una comisión del 0% para los comercios? Como mencioné anteriormente, en Colombia el 78% de las compras todavía se realizan en efectivo, y en la región ese porcentaje es del 70%. Esto nos obliga a crecer rápidamente y de forma agresiva en los comercios donde compra la mayoría de la población: los micro, pequeños y medianos negocios.
Si le cobras una comisión del 2%, 3% o 4% a una tienda que opera con un margen del 10%, simplemente no va a aceptar el método. Por eso, nuestra estrategia para este segmento es ofrecer una solución sin costo por recibir pagos y sin necesidad de invertir en hardware. Una vez que logremos una adopción masiva del método, exploraremos otras vías de monetización con este tipo de negocios.
En Colombia, ya hemos recibido una carta de intención por parte de uno de los tres principales retailers del país. En el caso de grandes superficies como supermercados o cadenas de farmacias, sí contemplamos cobrar una comisión por transacción —similar a los datáfonos, pero con un porcentaje más bajo.
Del lado del cliente, aplicamos un modelo de uso: si utiliza la tarjeta, paga una tarifa; si no la utiliza, no paga. Esa es nuestra fuente de ingresos actual. En el futuro también lanzaremos una tarjeta que permitirá a nuestros comercios pagar a sus proveedores directamente con Yaya.
En resumen, hay múltiples formas de monetizar este modelo. Hoy estamos enfocados en escalarlo rápidamente, y esa es nuestra prioridad.
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¿Cuáles son los planes de expansión de Mi YaYa en la región, y qué retos regulatorios, tecnológicos o culturales han enfrentado al escalar la plataforma en diferentes países de Latinoamérica y el Caribe?
En este momento estamos operando únicamente en Colombia, por lo que aún no hemos enfrentado grandes desafíos. Acabamos de comenzar, con presencia en Medellín y algunas zonas de la costa colombiana.
Desde el punto de vista regulatorio, en Colombia existen dos circuitos financieros: uno supervisado por la Superintendencia Financiera y otro no vigilado. Nosotros operamos dentro del circuito no vigilado, ya que no captamos depósitos. Sin embargo, hemos optado por autoregularnos, adoptando estándares más altos que los requeridos.
Respecto a la expansión, como mencioné antes, en el Caribe y América Latina hay alrededor de 300 millones de personas sin acceso a un crédito formal. Hay mercados con un alto potencial, como México, donde 50 millones de personas aún no tienen tarjeta de crédito y 32 millones trabajan en la informalidad. Centroamérica también representa una gran oportunidad para nosotros. Sin embargo, durante los próximos 24 meses, nuestro enfoque principal seguirá siendo Colombia.
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¿Qué significa para la empresa haber ganado el CAFI Pitch Session?
Principalmente, destacaría la oportunidad de exposición. Actualmente, estamos en plena ronda de capital, buscando levantar nuestra primera ronda de financiamiento institucional. Por eso, poder dar a conocer lo que estamos haciendo en Yaya a inversores de Guatemala y de toda Centroamérica, y así generar un vínculo con ellos, representa un gran aporte para nuestro proyecto.
Conclusión de Benjamín Brinquis
En Yaya, todas nuestras reuniones comienzan con esta frase: “Dignidad financiera para 500 millones de personas, una línea de código a la vez”. Porque creemos firmemente que, a través de la tecnología —esa línea de código— podemos entregar dignidad financiera.
Déjame compartirte rápidamente nuestra visión. Aspiramos a convertirnos en el American Express para los trabajadores de ingresos bajos y medios de América Latina, con un enfoque profundamente inclusivo.
Queremos que un trabajador que gana 400 o 500 dólares al mes sienta la misma dignidad que alguien que usa una tarjeta American Express platino. Eso significa ofrecer seguridad, aceptación y un servicio 24/7, que en nuestro caso brindamos a través de WhatsApp y llamadas.
Estamos construyendo una red cerrada que agrega valor tanto a los comercios como a los tarjetahabientes, creando así un círculo virtuoso que fortalece todo el ecosistema. Eso es en lo que estamos trabajando.
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