Tabla de Contenidos
Nicolás Di Pace no empezó su carrera en Venture Capital. Antes de convertirse en inversionista fue fundador. En 2013 cofundó Culqi, una empresa de pagos en Perú que terminaría siendo adquirida por Credicorp seis años después. Después del exit, comenzó a invertir como ángel y a acompañar a otros emprendedores, especialmente en fintech.
Esa experiencia eventualmente lo llevó a crear ADN.VC Hoy ADN es un fondo enfocado en fintech y proptech en Latinoamérica, con inversiones en etapas tempranas y una tesis centrada en sectores donde todavía existen enormes oportunidades para construir productos financieros y de infraestructura más eficientes.
Pero más allá de la tesis, Nicolás cree que el próximo ciclo de startups en la región se verá muy distinto al anterior: Equipos más pequeños, menos capital para empezar y founders mucho más conscientes de cuándo tiene sentido levantar dinero y cuándo no. Un cambio que también está obligando a los fondos a replantear cómo generan valor para las compañías en las que invierten.

Antes de ADN, ¿Qué estabas haciendo y qué te llevó a crear el fondo?
En 2013 cofundé una compañía de pagos en Perú llamada Culqi. Mi rol estaba muy enfocado en tecnología, producto y fundraising. Viví todo el proceso de construir una startup: desde crear algo desde cero hasta vender la compañía al grupo Credicorp en 2019. Después del exit empecé a recibir muchas llamadas de emprendedores, especialmente de fintech, que querían hablar sobre producto, fundraising o escalamiento. Eso me dio acceso a muchas startups en etapa temprana y empecé a invertir como ángel y advisor.
Pero poco a poco nos dimos cuenta de que queríamos hacer algo más estructurado. Por un lado, habíamos vivido de primera mano lo difícil que es conseguir buenos inversionistas. Y por otro, sentíamos que en Latinoamérica todavía hacía falta más capital inteligente en etapas tempranas. Ahí nació la idea de ADN.
Para quienes todavía no conocen ADN, ¿cómo describirías el fondo?
Somos un fondo de Venture Capital de aproximadamente USD 2.6 millones enfocado en etapas pre-seed y seed en Latinoamérica. Invertimos en dos verticales: fintech y proptech. Buscamos compañías desde México hasta Argentina que estén resolviendo algunos de los grandes desafíos de la industria financiera y de la vivienda en la región.
Nuestro modelo es hacer inversiones iniciales de USD 50,000 en alrededor de 21 compañías y luego reservar capital para acompañar a las que mejor ejecutan, haciendo follow-ons de hasta USD 150,000 adicionales en aproximadamente un tercio del portafolio. No somos un fondo de impacto, pero sí nos interesa que nuestras inversiones generen efectos positivos en temas como inclusión financiera y reducción del déficit habitacional en Latinoamérica.
Ver esta publicación en Instagram
¿Por qué fintech y proptech?
Fintech era un espacio muy natural para mí por mi experiencia construyendo Culqi. Y proptech llegó por la experiencia de mi socio Diego, que viene del mundo de la construcción y lleva años trabajando con startups del sector y Alberto complementa muy bien el equipo desde la mirada legal, financiera, contable y de venture capital. Pero más allá de nuestro background, nos gusta mucho la intersección entre ambos mundos.
Creemos que la vivienda y los servicios financieros siguen teniendo enormes problemas por resolver en Latinoamérica y que todavía hay mucho espacio para construir productos más eficientes, accesibles y personalizados. De hecho, algunas de las oportunidades más interesantes están justo en esa intersección: hipotecas digitales, crowdfunding inmobiliario, seguros, pagos o productos financieros para el sector inmobiliario.
¿Qué aprendiste levantando un fondo que no habías aprendido levantando capital para una startup?
Aprendimos que así como las startups buscan Product Market Fit, los fondos tienen que encontrar algo que podríamos llamar LP Thesis Fit. No basta con tener una tesis de inversión interesante. También tienes que encontrar inversionistas que crean en esa tesis, que entiendan la oportunidad que estás persiguiendo y que quieran recorrer ese camino contigo. La mecánica del fundraising, en realidad, es muy parecida a la de una startup. Construyes un pipeline, haces un pitch, recibes mucho feedback y tratas de convencer a personas de apostar por una visión de largo plazo.
Pero hay una diferencia importante. Cuando levantas capital para una startup normalmente ya tienes un producto, algunos clientes o cierta tracción. Cuando levantas un fondo, al principio no tienes nada de eso. No tienes un portafolio, no tienes retornos y tampoco tienes un producto tangible que mostrar. Lo único que tienes es una tesis, tu experiencia y la capacidad de ejecutar. También aprendimos que levantar un fondo toma mucho más tiempo del que uno imagina. Son ciclos de decisión largos y cada inversionista tiene motivaciones distintas.
En nuestro caso, pasamos cerca de un año y medio levantando capital mientras, al mismo tiempo, empezábamos a hacer las primeras inversiones. Y ahí la historia empezó a cambiar un poco, porque ya teníamos algo que mostrar. Una de nuestras primeras inversiones levantó una nueva ronda liderada por fondos de Estados Unidos apenas unos meses después de que invertimos. Eso también ayudó a validar algo frente a los LPs: que teníamos acceso a buenos deals y que podíamos identificar startups con capacidad de capturar valor rápidamente.
Mirándolo en retrospectiva, se parece mucho a la búsqueda de Product Market Fit de una startup. Al principio estás experimentando, lanzando un MVP, haciendo las primeras inversiones y utilizando esos aprendizajes para seguir levantando capital. Fue un proceso muy iterativo. Construir un fondo, en muchos sentidos, también se siente como construir una startup desde cero.
¿Qué cambió en la forma en que invierten después de las primeras inversiones?
Al principio nos tomábamos muchísimo tiempo para analizar cada oportunidad. Como buenos founders, queríamos entender todo y encontrar todas las formas posibles de agregar valor.
Pero al mismo tiempo estábamos invirtiendo tickets pequeños y eso generaba fricción en algunos procesos. Con el tiempo aprendimos a ser mucho más eficientes.
Hoy tenemos procesos más claros, más automatizados y sabemos mucho mejor qué es lo que estamos buscando. También aprendimos algo importante: queremos ser un fondo que agregue valor de manera muy concreta.
La pregunta que más nos hacemos antes de invertir es: ¿De verdad podemos ayudar a esta startup? ¿Podemos abrirles puertas? ¿Conectarlos con inversionistas? ¿Ayudarlos a conseguir clientes? Si la respuesta es sí, es mucho más probable que queramos invertir.
Ver esta publicación en Instagram
Fintech vivió un boom enorme y después una corrección importante. ¿Cómo ves hoy la industria? ¿Más madura, más difícil o simplemente más realista?
Creo que hoy estamos viendo una industria mucho más madura. Hace algunos años había muchísimo capital disponible y, en algunos casos, se priorizaba el crecimiento a cualquier costo. Eso llevó a que muchas compañías levantaran rondas muy grandes y se enfocaran más en crecer rápido que en construir negocios sostenibles.
La corrección obligó a los founders y a los inversionistas a regresar a los fundamentos. Hoy vemos emprendedores mucho más conscientes de la importancia de la eficiencia, de la calidad de los ingresos y de construir modelos de negocio que realmente funcionen.
Además, muchos de los grandes problemas que dieron origen al boom fintech siguen ahí. Latinoamérica continúa teniendo enormes oportunidades en pagos, crédito, infraestructura financiera, seguros y productos para segmentos desatendidos.
La diferencia es que hoy el mercado es mucho más exigente. Levantar capital es más difícil, los inversionistas hacen más preguntas y las compañías tienen que demostrar mucho más antes de acceder a una ronda. Pero creo que eso está generando una industria más sólida y emprendedores mejor preparados para construir empresas de largo plazo.
¿Qué está cambiando en los founders de Latinoamérica y qué papel está jugando la inteligencia artificial en esa transformación?
Estoy viendo equipos mucho más pequeños y mucho más técnicos. Founders que entienden que hoy se necesita mucho menos capital para lanzar un producto y probar una idea. La inteligencia artificial está cambiando la velocidad con la que se puede construir. Hoy es mucho más fácil lanzar prototipos, experimentar y obtener feedback rápidamente. Eso significa menos tiempo y menos dinero invertido en funcionalidades que el mercado no quiere.
También veo emprendedores mucho más educados en Venture Capital. Entienden mejor cómo funciona una ronda, cuándo tiene sentido levantar dinero y cuándo no. Y algo que me entusiasma mucho es que cada vez veo más founders que deciden bootstrapear o seedstrapear hasta tener algo que realmente funciona. Eso los pone en una posición mucho más fuerte para levantar capital más adelante.
Creo que estamos entrando en un nuevo ciclo donde los equipos van a llegar mucho más lejos con menos personas y menos capital. La IA está permitiendo acortar enormemente los ciclos de aprendizaje, desperdiciar menos horas de desarrollo y encontrar el product-market fit mucho más rápido. Vamos a ver más experimentación, más velocidad y compañías que logren construir negocios muy grandes con estructuras mucho más eficientes de las que veíamos hace cinco o diez años.
¿Qué le queda a ADN de aquí a fin de año?
Todavía nos quedan aproximadamente 10 inversiones por hacer dentro del fondo. Así que gran parte de nuestro foco está en seguir conociendo a los founders de fintech y proptech en etapas tempranas que todavía no conocemos en Latinoamérica y terminar de desplegar el capital del fondo. Al mismo tiempo, ya empezamos a pensar y a ejecutar el levantamiento de nuestro segundo fondo, aunque hoy nuestra prioridad sigue siendo el fondo uno y terminar de construir un portafolio extraordinario.
También estamos muy involucrados en Perú Tech Week, que se llevará a cabo la primera semana de octubre en Lima. Mi socio, Diego Alfageme, está liderando gran parte de la organización y esperamos más de 300 eventos durante la semana. Va a ser una gran oportunidad para conectar con founders, inversionistas y operadores de toda la región.
Y por supuesto, la otra gran prioridad es seguir apoyando a las compañías del portafolio. Hoy ya tenemos doce inversiones y muchas de ellas están creciendo muy rápido. Algunas ya han levantado nuevas rondas de Venture Capital y nosotros seguimos muy involucrados ayudándolas con fundraising, conectándolas con potenciales clientes y dándoles más visibilidad. Al final, gran parte de nuestra propuesta de valor como fondo está ahí: no solo invertir en una compañía, sino ayudarla a crecer después del cheque.
El próximo gran startup de Latinoamérica podría necesitar menos dinero que nunca
Durante años, construir una startup en la región significaba levantar capital lo antes posible, contratar equipos grandes y crecer a toda velocidad. Nicolás cree que ese modelo está cambiando. La inteligencia artificial está reduciendo el costo de construir, permitiendo que equipos pequeños lleguen mucho más lejos y acelerando el camino hacia el product-market fit.
Eso no significa que el Venture Capital sea menos importante. Significa que tendrá que evolucionar. Porque si las mejores compañías del próximo ciclo necesitan menos capital para empezar, el diferencial de un fondo ya no será únicamente escribir un cheque. Será ayudar a los fundadores a aprender más rápido, abrir puertas y tomar mejores decisiones. En otras palabras, la próxima generación de startups probablemente se construirá con menos capital. La pregunta ya no es quién puede escribir el cheque más grande, sino quién puede ayudar a construir las mejores compañías.
ADN VC en una página
- Tamaño del fondo: USD 2.6 millones.
- Enfoque: Fintech y Proptech.
- Geografía: Latinoamérica (México a Argentina).
- Etapa: Pre-seed y Seed.
- Ticket inicial: USD 50,000.
- Follow-ons: Hasta USD 150,000 adicionales en aproximadamente el tercio superior del portafolio.
- Número objetivo de inversiones: 21 compañías.
- Lo que buscan: Fundadores con profundo entendimiento del problema, capacidad de ejecución y ambición regional.
- Tesis: Construir soluciones para dos de las industrias más grandes y menos eficientes de la región: servicios financieros y vivienda.
- Cómo agregan valor: Producto, fundraising, conexiones con clientes e inversionistas y acompañamiento cercano.
- Impacto esperado: Aunque no es un fondo de impacto, buscan que sus inversiones contribuyan a la inclusión financiera y a reducir el déficit habitacional en Latinoamérica.
Entrevista realizada por:
Eduardo Hernández, Head de Startup Avenue en Volcano Summit y Partner en Leapstart, donde impulsa el crecimiento de startups y el desarrollo del ecosistema emprendedor. Ex-emprendedor del sector asegurador, ha participado activamente en iniciativas como Startup Weekend, Emprendedores Anónimos, Hackers/Founders y Magma Partners.
También te puede interesar leer: Zinnia Group: el nuevo juego de las firmas de Private Debt se gana en LinkedIn
