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En una cena privada con periodistas, Sam Altman, CEO de OpenAI, lanzó una advertencia que contrasta con el entusiasmo generalizado de Wall Street: “¿Estamos en una fase de sobreentusiasmo con la IA? Mi opinión es que sí”.
Altman no niega el potencial transformador de la inteligencia artificial. De hecho, la califica como “lo más importante que ha sucedido en mucho tiempo”. Pero su preocupación radica en el ritmo acelerado de inversión, las valoraciones desproporcionadas y la desconexión entre expectativas y resultados reales.
Wall Street: optimismo sin fisuras
Mientras Altman repite la palabra “burbuja” tres veces en 15 segundos, analistas como Dan Ives, de Wedbush Securities, aseguran que estamos en un “momento 1996”, no en un “momento 1999”. Es decir, en una fase temprana de crecimiento, no en una etapa especulativa terminal.
Empresas como Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta han invertido miles de millones en infraestructura, modelos de lenguaje y aplicaciones empresariales. Para Wall Street, la IA no es una burbuja: es la Cuarta Revolución Industrial.
“La revolución de la IA impulsará un mercado alcista durante al menos los próximos dos o tres años” —Dan Ives
Altman: una burbuja con base real
Altman traza un paralelismo con la burbuja puntocom de los años 90, cuando las valoraciones se dispararon antes de colapsar. “Cuando surgen burbujas, la gente inteligente se entusiasma demasiado con una pizca de verdad”.
Señala que algunas startups con apenas tres empleados están recaudando cientos de millones de dólares, lo que califica como “una locura”. Aunque reconoce que la IA tiene un valor inmenso, advierte que el entusiasmo inversor podría estar inflando expectativas más allá de lo razonable.
¿Y OpenAI? ¿Advertencia o contradicción?
Mientras Altman habla de cautela, OpenAI negocia una venta de acciones secundarias que podría elevar su valoración a USD 500.000 millones, superando incluso a SpaceX. En marzo de 2025, la empresa ya había alcanzado los USD 300.000 millones, con ingresos estimados de USD 12.000 millones y más de 5 millones de usuarios empresariales de pago.
Pero el gasto operativo anual ronda los USD 8.000 millones, y se proyectan inversiones en infraestructura que podrían alcanzar cifras trillonarias. ¿Es sostenible este modelo? ¿O estamos ante una expectativa inflada por el fervor tecnológico?
¿Una burbuja más grande que la de las puntocom?
El economista Torsten Slok, de Apollo Global Management, sostiene que la burbuja de IA actual podría ser más grande que la de finales del siglo pasado. Su argumento: las 10 principales empresas del índice S&P 500 están más sobrevaloradas hoy que en los años 90.
Además, el Financial Times recuerda que solo el 5% de las empresas obtiene retornos reales de la IA generativa. Esta desconexión entre inversión y resultados refuerza la tesis de Altman: el entusiasmo podría estar inflando expectativas más allá de lo razonable.
Carlota Pérez y el ciclo inevitable
La economista venezolana Carlota Pérez, especialista en ciclos tecnológicos, propone un marco útil para entender este momento. Según su teoría, cada revolución tecnológica atraviesa tres fases:
- Sobreinversión y especulación
- Estallido de la burbuja
- Consolidación y edad dorada
Si la IA está en su fase especulativa, el estallido podría ser inevitable. Pero también podría ser el preludio de una etapa de crecimiento sostenido, como ocurrió con el internet tras el colapso de las puntocom.
¿Qué está en juego?
La pregunta no es si la IA tiene valor, eso está fuera de discusión, sino si el mercado está preparado para absorberlo con madurez. Altman no desacredita la tecnología; desacredita la euforia. Y en ese matiz reside la diferencia entre una revolución sostenible y una burbuja especulativa.
“La tecnología era muy importante. Internet era un fenómeno importantísimo. La gente se emocionó demasiado.” —Sam Altman



