El consejo clásico para startups de levantar capital cada 18 a 24 meses ya quedó obsoleto, y la evidencia está tanto en los datos como en las experiencias de founders a nivel global.
Según datos publicados por Peter Walker, Head of Insights de Carta analizando más de 7,000 rondas en EEUU entre 2020 y 2025, el tiempo entre rondas de capital para etapas Seed-A, A-B y B-C ya supera los dos años como mediana, y para el 25% de las compañías el periodo llega a más de 3.5 años. El gráfico de Carta muestra que el rango verde, considerado sano, es cada vez menos alcanzable y ha dejado de ser la norma.

Walker señala que aunque en el sector AI y algunos unicornios continúan acaparando titulares por rondas express y valuaciones explosivas, representan sólo una fracción mínima y no son ejemplo para la gran mayoría de emprendedores.
Hoy, la realidad es que una parte relevante de las startups debe ajustar operaciones, recortar gastos y buscar rondas puente para sobrevivir, mientras que unas pocas logran “aguantar” porque crecieron más rápido o administran mejor su liquidez.
La pregunta de fondo que deja Walker es contundente: ¿cómo extender el dinero que se levante en la próxima ronda para resistir este nuevo contexto de ciclos prolongados?
Consideraciones para Latinoamérica
En Latinoamérica, el escenario se complejiza aún más. En 2024, la región recaudó aproximadamente USD $3,600 millones en venture capital, según datos de Cuantico VP, con Brasil, México y Colombia liderando la actividad.
Sin embargo, los desafíos son mayores: el acceso a capital es más limitado, los fondos tienden a concentrarse en etapas tardías y existe menor profundidad de fondos locales. Además, temas como inflación, estabilidad política y bajo acceso a liquidez dificultan aún más la planificación de runway y el alcance de nuevas rondas.
La pregunta de fondo que deja Walker es crucial para Latam: ¿cómo extender el dinero que se levante en la próxima ronda para resistir ciclos cada vez más largos y complejos?
La disciplina financiera y la estrategia de supervivencia ya no son opcionales; son parte integral del éxito emprendedor en una región donde la resiliencia y el ingenio marcan la diferencia.
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