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Garbarino, empresa histórica de electrodomésticos con más de 70 años en el mercado, llegó a operar más de 200 tiendas y emplear a 4,500 personas. Tras seis años de dificultades financieras, la Justicia dictó la quiebra de la compañía y ordenó la liquidación de sus activos, incluyendo marcas, inmuebles y unidades productivas. La caída estuvo marcada por la falta de acuerdos con acreedores, la imposibilidad de atraer inversores y el impacto de la pandemia, que redujo ventas hasta un 75%. Esta situación derivó en cierres de locales, despidos masivos y la subasta de activos, marcando el fin de un ícono del retail argentino.

Endeudamiento y crisis de flujo de caja
El deterioro financiero de Garbarino comenzó con un endeudamiento significativo. Para principios de 2020, la compañía debía $4.000 millones a bancos y otros $7.000 millones a proveedores, comprometiendo gravemente su capacidad de operación. La recesión económica iniciada en 2018 y la devaluación posterior afectaron directamente el consumo.
Manuel Ribeiro, presidente de la cadena, señaló que “la caída en el nivel de actividad y, en consecuencia, en los resultados de la empresa se originó con la devaluación de 2018 y sus efectos inmediatos: altas tasas de interés e inflación que, en contraposición con la pérdida del poder adquisitivo de nuestro cliente promedio, afectaron de manera significativa las ventas y, por lo tanto, la situación económica y financiera de la compañía”.
Durante la pandemia, la reducción de ventas profundizó el colapso del flujo de caja, obligando a la empresa a suspender operaciones y frenar entregas. A pesar de la transferencia de $225 millones desde la Ciudad de Buenos Aires, los recursos solo permitieron cubrir parcialmente los salarios adeudados.

Intentos fallidos de reestructuración
La empresa intentó diversas estrategias para evitar la quiebra, incluyendo un proceso de cramdown y una venta formal presentada por Facundo Prado. Sin embargo, ninguna de estas acciones prosperó. La falta de adhesión de los acreedores y la imposibilidad de asegurar nuevos inversores dejaron sin efecto los planes de rescate.
Los cierres de locales se aceleraron, los empleados reclamaban salarios pendientes y los clientes exigían la entrega de productos adquiridos. La situación llevó a Garbarino a enviar 1.800 telegramas de despido y a presentarse en concurso preventivo en noviembre de 2021. El fracaso de estos intentos consolidó la decisión judicial de liquidar la compañía.
Liquidación y activos remanentes
La subasta organizada por la Justicia incluye una variedad de activos que podrían interesar a nuevos inversores:
- Marcas reconocidas como Garbarino y Compumundo, con alto valor de reputación.
- Unidades productivas inactivas en Tierra del Fuego: Tecnosur y Digital Fueguina.
- Activos de negocios complementarios, como la financiera Fiden y Garbarino Viajes.
Esta estructura de remate permitirá reunir recursos para satisfacer parcialmente los créditos pendientes y ofrece oportunidades de relanzar los nombres históricos bajo nuevas plataformas digitales, preservando parte del legado de la compañía.
Cierre estratégico y oportunidades futuras
La historia de Garbarino refleja cómo decisiones financieras combinadas con factores externos pueden llevar a un ícono a la liquidación. El endeudamiento elevado, la falta de acuerdos con acreedores y la imposibilidad de conseguir inversores fueron determinantes en su caída. La declaración de Manuel Ribeiro permite comprender el peso de los factores macroeconómicos sobre la operación diaria.
Sin embargo, la preservación de marcas y ciertos activos industriales ofrece una ventana de oportunidad para nuevos proyectos. La subasta no solo marca el cierre de operaciones tradicionales, sino que también abre la posibilidad de relanzamientos innovadores en el mercado digital, consolidando aprendizajes financieros y estratégicos para otras compañías del sector.
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