Elon Musk: “el visionario” que deforma la acción comunicativa

Mucho ruido se ha generado en las últimas dos semanas con el “asalto” de Elon Musk a Twitter. Una operación llevada a cabo con una estrategia claramente hostil a la vieja usanza, tanto así que el recién estrenado consejero delegado, Parag Agrawal, y su consejo de administración procuraron en primera instancia resistir el golpe implementando una llamada poison pill para hacer menos atractiva cualquier adquisición abaratando el precio de las acciones de manera artificial. 

La noticia deja a muchas personas (lamentablemente no a todas) preguntándose qué es lo que hay detrás del movimiento. Antes de zambullirse en esas aguas hay que tomar en cuenta varios factores. Si bien Jack Dorsey da su bendición al bueno de Elon, el primero de esos factores es que no se debe negar el perfil manipulador que Musk ha mostrado por años, siendo incluso investigado en más de una ocasión por la Security Exchange Commission (SEC), el órgano encargado de supervisar las bolsas de valores, los asesores de inversiones, y a los fondos mutuos en un esfuerzo por promover el trato justo, y por supuesto prevenir el fraude.

Las palabras de un solo hombre a través de una tribuna tan popular como Twitter no solo tienen el poder de llegar a millones, sino que también han bastado para hacer que la gente perdiera o ganara dinero. Musk ha hecho declaraciones en más de una ocasión sobre venta o compra de acciones, venta o compra de criptomonedas, y mucho más, haciendo que los mercados se muevan, y siempre a su favor. 

La libertad de expresión no puede ser ilimitada cuando daña a los demás

Sin ignorar el importante rol que Musk pueda estar teniendo para abaratar los costos de algo tan crucial como la exploración espacial con Space X, o su trabajo para extender la sinergia hombre-máquina en Neuralink, es una realidad que debemos cuestionar por qué los “visionarios” que admiramos hacen lo que hacen. Musk abre su boca constantemente para que de ella salgan frases de amor dedicadas a la libertad de expresión, o a los valores libertarios en general, y sobre cómo Twitter representa esos valores vitales. Mientras que al mismo tiempo son conocidas sus trabas a esa misma libertad, como cuando espió a un ex empleado por hablar («haciendo uso de su libertad») con la prensa. 

Expresó también el mismo discurso cuando después de adquirir el 9,2% de la compañía amaneció un día con ganas de mejor poseerla por completo. Dijo en esa ocasión que se debería preguntar a los accionistas acerca de su propuesta de compra, y que ellos deberían decidir, al mismo tiempo que ya sabemos que la empresa dejará de ser pública, eliminando a la gran mayoría de esos mismos accionistas, un inmenso número de ellos empleados de la compañía, y ante los que debería responder la misma. Una pequeña contradicción si alguien me lo pregunta. 

Lo preocupante es que en aras de hacer a la plataforma aún más “libre”, pues para Musk se han limitado los discursos, siendo el más célebre de ellos el de Donald Trump, se corre un serio riesgo de fomentar aún más la promoción de los discursos de odio y violencia. Si Twitter o cualquier otra red social dejan de ser moderadas correctamente y se permite que se diga lo que sea, dejarán de ser una herramienta útil. 

Si la red social ya está plagada de insultos y odio con moderadores, imaginemos lo que una carta blanca haría de los usuarios de valores más cuestionables.

Incluso un promotor del debate y la conversación de la talla de Jürgen Habermas planteó la importancia de la moderación en su teoría de la acción comunicativa. A partir de un discurso moderado que busca el consenso y la inclusión, Habermas desarrolla su concepto de acción comunicativa: la acción que sirve para transmitir y renovar los conocimientos culturales y sociales en un proceso de consecución de entendimientos mutuos. Luego coordina esa acción hacia la integración social y la solidaridad. Son estos precisamente los fundamentos de la democracia. 

Y si las plazas públicas han sido lentamente sustituidas por las plazas digitales, debemos luchar porque reflejen esos fundamentos y no permitan cualquier clase de discurso. La moderación de las redes sociales no solo ayuda a reducir los comentarios ofensivos, profanos y de odio, sino que hace que la plataforma sea segura para cualquiera que desee usarla, no cerremos los ojos ante esa realidad. 

Como con cualquier otra clase de derechos, si todas las personas fueran responsables de sus palabras y acciones, podríamos gozar de una libertad ilimitada, pero ese no es el caso, y la realidad nos lo prueba una y otra vez hasta el cansancio. 

¿Qué podría haber motivado la compra?

No soy ningún experto en el tema, pero creo en la opinión de expertos muy preparados y que además han acertado en el pasado. Uno de ellos es Michael Burry, quien con la reciente debacle de Netflix en mente hace un paralelismo con Tesla.

Musk necesita comenzar a diversificar cuanto antes, ya que su título de hombre más rico del mundo se asienta sobre una gran burbuja. El hecho es que Tesla no vende ni siquiera la mitad de vehículos que vende la marca líder del mundo: Toyota, por poner un ejemplo. Y su producción en ese sentido es todavía marginal, razón por la cual el precio de sus acciones se cifra en meras expectativas. 

Para Burry, Musk se ve reflejado en la plataforma de streaming y sabe que si Netflix ha perdido 200,000 usuarios es porque el mercado se ha empequeñecido debido precisamente a la cantidad de competencia que comienza surgir, algo que va a suceder con la industria automotriz cortesía de la transición energética. 

No es la única razón ni su única preocupación, también están los problemas de abuso laboral y discriminación racial en sus fábricas en EE UU, o el beneficio que supondría para sus empresas en materia fiscal el retorno de Donald Trump a la presidencia, cuya mejor palestra para lograrlo es justamente ¡Twitter! Pero el hecho más concreto es que las grandes compañías automotrices han comenzado a desarrollar sus propios proyectos de vehículos autónomos y eléctricos. 

Y si los seres humanos seguimos siendo tan tribales y superficiales como siempre, esbozando el “yo soy Disney” o “yo soy Netflix”, sin duda la gente seguirá siendo de BMW o de Mazda. Musk tiene que comenzar a diversificar (algo que ya lleva años intentando pues posee hasta 5 empresas de naturaleza diversa).

Pero independientemente de estas y otras motivaciones, esperemos que sea cual sea la razón, esta compra no perjudique el funcionamiento de una plataforma que aunque sigue siendo pequeña en comparación con otras, 211 millones de usuarios versus los 2,900 millones de Facebook, es muy influyente en el debate social y político. 

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