¿Por qué no adoptar una “actitud Not”?

Para quien no se haya enterado aún por exceso de Netflix, Disney +, videojuegos, o lo que sea, seguimos en un contexto de clara emergencia global. Una realidad en la que países como Guatemala apenas si han llegado a un poco más del 25% de la población vacunada, mientras que los alumnos más avanzados en esa tarea, como por ejemplo España o Alemania, alcanzan si mucho el 80%.

Esto es, que nadie estará a salvo mientras no se haya conseguido una vacunación universal y sostenida en el tiempo que logre de una vez por todas aplanar esta pandemia. Ello me hace pensar en la campaña para renunciar temporalmente a la protección de la propiedad intelectual en las vacunas contra el coronavirus.

En la actualidad, la propuesta no cuenta con el apoyo de la plana mayor de la industria farmacéutica, es decir, ni con el de grandes fabricantes como Pfizer o Johnson & Johnson, ni con el de la mayoría de los países de altos ingresos. En cambio, estos países siguen prefiriendo “compartir” sus propias dosis con países de bajos ingresos, y proporcionar más fondos para esquemas supuestamente caritativos de provisión de vacunas, como lo es COVAX.

Eso está muy bien, pero deja al descubierto los verdaderos colores de estos actores. Como lo acaba de resumir el celebérrimo Noam Chomsky: “los líderes de los principales países te encuentras que monopolizan las vacunas y piden que las multinacionales farmacéuticas mantengan el exorbitante control de las patentes, unos derechos otorgados por un régimen neoliberal que es opuesto al verdadero libre comercio”.

Bien les haría a estas compañías adoptar una “actitud Not”. He tomado el nombre prestado de la NotCo, o The Not Company,  el exitosísimo unicornio chileno que utiliza la inteligencia artificial para desarrollar productos alimenticios con sabor a otros de origen animal a partir de plantas.

La clave de una “actitud Not” es que hay más alternativas para solucionar un problema. Una “actitud Not” consiste básicamente en cambiar las prácticas que hay detrás de una industria, como lo hicieron ellos con la industria de los alimentos, para generar mejores productos, más eficientes, más sostenibles, o en este caso más altruistas. 

Los fundadores de la NotCo, Matías Muchnick, Karim Pichara, y Pablo Zamora, se inspiraron en su propia generación, la de los millennials (llamados a ser más conscientes y críticos), para contrastar el consumo de carne barata con el impacto medioambiental que ella genera, y hacernos entender que podemos consumir productos similares y al mismo tiempo contribuir a la conservación de nuestro medio y la ayuda a los demás. Y de paso, por qué no, hacer dinero.

En ese sentido las farmacéuticas también podrían tomar nota del ejemplo de “actitud Not” que ha mostrado la microbióloga italo-hondureña María Elena Bottazzi, co-directora del Centro de Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas, quien junto a su equipo acaba de desarrollar una nueva vacuna contra la Covid totalmente libre de patentes. 

En una genial muestra del espíritu Not, que rezaría “Not es necesario lucrar todo el tiempo”, Bottazzi entiende que en una época de emergencia las multinacionales pueden hacer un pacto con sus inversores y aclararles el tiempo que estamos viviendo, trasladarles que necesitamos solidaridad y no egoísmo rampante. 

La tecnología para producir esta vacuna libre de patentes ya está presente en muchas partes del mundo, pues es similar a la que se utiliza para producir la vacuna de la hepatitis B, y de esa cuenta la empresa india Biological E y la indonesia Biofarma, van a comenzar con un lote de 100 millones mensuales cada una, al costo de 1 o 2 dólares. Eso va a contribuir a cerrar sin duda la brecha en el avance de la vacunación. 

Un paso más allá en la reflexión Not que deberían hacer las farmacéuticas consiste en no olvidar que los gobiernos (al menos los de la UE y los Estados Unidos) subvencionaron gran parte de la inversión que sirvió para alcanzar su meta, y ese dinero en última instancia viene de la gente, a la que se deben esas vacunas. 

Este es el debate que debemos promover, y reiterar que en esta ocasión no hay razones para denegar el cese temporal de la propiedad intelectual. En todo caso, y a medida que avanza y se modifica la pandemia, las razones para permitir una exención y mantener una “actitud Not” en el campo de la salud se fortalecen cada día más.

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