La paradoja del desarrollo en la nueva normalidad: ¿transformación digital o transición energética?

El investigador costarricense Pablo Gámez Cersosimo, experto en transformación digital sostenible, nos habla en su libro Depredadores digitales sobre lo que llama la paradoja del desarrollo: “un relato preciso, muy elaborado y sumamente poderoso sobre que la digitalización y las energías limpias son sinónimos de un desarrollo verde, pero olvidamos su base carbonácea. Es un discurso creado por las grandes tecnológicas”. 

La conclusión que puede extraerse de los argumentos incontestables de este experto es que como herramienta, la transformación digital tiene sin duda alguna muchos beneficios: facilita la gestión documental, previene los fraudes, optimiza los procesos y reduce los costes, además de que casi elimina la necesidad de espacios físicos en el mundo laboral.

Pero es importante distinguir que aunque el proceso de transformación digital y sus dispositivos tienen un lado positivo, también conllevan un alto precio para el mundo físico. Los smartphones más nuevos, por poner un solo ejemplo, están reemplazando a los dispositivos móviles más antiguos a intervalos cada vez más regulares. 

Los modelos obsoletos terminan en la basura con demasiada frecuencia, al igual que sucede con casi cualquier otro dispositivo. En 2016, se generaron 44,7 millones de toneladas de desechos electrónicos en todo el mundo, y solo se recicló el 20% de este total. Hoy en día usamos muchos más, por lo que esa cantidad es aún mayor. 

Según Cersosimo, hay cinco elementos vinculados a la transformación digital que tienen un impacto enorme en la contaminación: “la huella de carbono por consumo energético de la totalidad de la infraestructura digital, la asociada a la fase de circulación de los productos tecnológicos, la derivada de la economía de la atención, la de extracción de los minerales para el funcionamiento nuestros dispositivos y la generada por la basura electrónica”.

¿La Generación Z al rescate?

En este contexto, este investigador también nos recuerda que si bien los nativos digitales son percibidos como la esperanza de la Tierra debido a que tienen un compromiso claro con los ecosistemas, aún están bastante desentendidos del efecto que genera su dependencia digital y la forma en que consumen los servicios que utilizan a diario. 

Sus consignas van tras las corporaciones y los gobiernos, pero ignoran su propio rol en la contaminación, y son quienes más alas dan a las grandes compañías tecnológicas consumiendo de inmediato todo lo que estas lanzan.  

Como bien dice la escritora española Marta Peirano, “para que Jeff Bezos suba al espacio, un millón y medio de trabajadores de Amazon tienen que malvivir. Para que Mark Zuckerberg encienda su metaverso, millones de europeos pondrán la lavadora de noche una vez por semana. No podemos renunciar al progreso, pero podemos dejar de hornear (…).

Somos niños esperando que los adultos cojan el volante y resuelvan la situación, pero los adultos son Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Bill Gates y Elon Musk y no vienen a salvarnos. Para que su futuro exista, el nuestro tiene que desaparecer”. 

Por el momento y ante las pruebas, no es posible decir que el uso de la tecnología sea necesariamente sostenible. Además de la enorme generación de residuos, el fenómeno también contribuye al aumento de la ya gigantesca demanda mundial de energía y de materias primas como los metales, incrementando el uso intensivo de la minería a cielo abierto u otras formas de producción que son nocivas para el medio ambiente.  

El rápido crecimiento del uso de la nube, y nuestro uso diario de Internet, están produciendo una demanda colectiva de electricidad nunca antes vista. Por lo tanto, es necesario que la legislación y las políticas en todo el mundo evolucionen juntas para mantenerse al día con los nuevos recursos tecnológicos, con responsabilidad ética y ambiental. 

Hecho así, la transformación digital tiene un enorme potencial para contribuir a la protección de los ecosistemas, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, la lucha contra el cambio climático, y la salud de la naturaleza. 

Pero es importante que seamos conscientes de cómo es que puede hacerlo, así como del impacto bueno o malo que puede traer a nuestro entorno la tecnología que elegimos usar. 

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