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La producción de alimentos enfrenta retos vinculados con la erosión, variabilidad hídrica y brechas de tecnificación. Ante este escenario, Grupo Bimbo impulsa prácticas regenerativas desde el origen. La estrategia fue presentada por Héctor Ibancovichi, director de Agronegocios de Bimbo México, durante el foro Del campo al futuro: innovación y sustentabilidad en la agroindustria.
El encuentro, convocado por El Economista, reunió a líderes de la cadena alimentaria para analizar alternativas frente a la crisis climática, el estrés hídrico y el crecimiento poblacional. En ese contexto, la agricultura regenerativa fue planteada como una vía para restaurar la capacidad productiva del suelo, fortalecer ecosistemas y acompañar al agricultor.
Para Grupo Bimbo, el enfoque también está relacionado con la disponibilidad de materias primas de calidad y con la resiliencia de su cadena de suministro.
Grupo Bimbo lleva la agricultura regenerativa al origen
La estrategia de Grupo Bimbo parte de una premisa operativa: la transición hacia modelos sostenibles requiere método, seguimiento técnico y medición constante. Ibancovichi explicó que el cambio no depende únicamente de incorporar nuevas prácticas agrícolas. También debe construirse una transformación cultural junto con quienes producen.
“La implementación de la agricultura regenerativa requiere un método estructurado, medición constante y un cambio cultural”, aseguró Héctor Ibancovichi durante su intervención. El modelo se concentra en ingredientes prioritarios para la operación de la compañía: trigo, maíz, papa y caña de azúcar.

Tres pilares para transformar el campo
El programa de Agricultura Regenerativa de Grupo Bimbo está sustentado en tres líneas que conectan productividad, ecosistemas y comunidades productoras:
- Salud del suelo: se promueven rotación de cultivos, siembra directa o mínima labranza y cultivos de cobertura.
- Biodiversidad: se impulsan prácticas orientadas a conservar la vida del suelo y reducir presiones sobre los ecosistemas.
- Comunidades productoras: se ofrece capacitación y acompañamiento técnico para facilitar una transición rentable y justa.
La estrategia incorpora además una dimensión científica. Mediante colaboraciones con el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), se mide la calidad biológica del suelo. También son evaluados aspectos como la captura de carbono, con información que permite dar seguimiento a los resultados ambientales de las prácticas adoptadas.
Entre las acciones implementadas aparece la labranza de conservación, mediante la cual el rastrojo es mantenido sobre la superficie del terreno.

El agricultor, en el centro del cambio
Con esta práctica se busca reducir la evaporación del agua, conservar la humedad natural de la tierra y ayudar a prevenir la erosión. La estrategia presentada coloca al productor en el centro de la transformación. Su participación permite que las prácticas regenerativas puedan mantenerse en el tiempo.
Por ello, el acompañamiento técnico es combinado con una perspectiva de rentabilidad. El cambio cultural requiere que el agricultor perciba beneficios económicos asociados con las nuevas metodologías.
Esta visión convierte al productor en un aliado para preservar los ecosistemas locales y mantener los cultivos que abastecen la cadena de suministro.
El suelo como punto de partida para la resiliencia
El enfoque también considera las diferencias entre regiones productivas de México, donde existen brechas de tecnificación que requieren soluciones adaptadas a cada realidad. El debate del foro vinculó estos desafíos con la inteligencia artificial aplicada a los cultivos y el fortalecimiento del relevo generacional en el medio rural.
La propuesta de Grupo Bimbo plantea que la sustentabilidad agrícola puede abordarse como una disciplina operativa, donde medir y acompañar permite orientar decisiones.

Cuando la sustentabilidad entra en la cadena
Al colocar suelo, biodiversidad y comunidades dentro de una misma estrategia, la agricultura regenerativa adquiere una dimensión productiva además de ambiental. El planteamiento de Ibancovichi muestra una transformación gradual, donde innovación agrícola, conocimiento científico y participación productiva se articulan para fortalecer la resiliencia del suministro.
Desde esta perspectiva, recuperar el suelo deja de ser un objetivo aislado y pasa a formar parte de una estrategia que conecta agricultores, ecosistemas e ingredientes. El análisis permite observar que la agricultura regenerativa adquiere valor empresarial cuando puede integrarse a la operación, medirse y generar condiciones para su continuidad.
Para Grupo Bimbo, el desafío consiste en mantener esa conexión entre productividad agrícola, conservación de recursos y acompañamiento al productor dentro de su cadena. Así, el suelo se convierte en un punto de partida para construir una cadena alimentaria con mayor capacidad de adaptación frente a los retos agrícolas.
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