Sea a los 20, a los 40 o a los 50, es difícil emprender. Las probabilidades de tener éxito son bajas. Hay que ser un optimista radical para intentarlo, hay que lanzarse al agua sin tener claridad de nada.
Pero tampoco se trata de ir a ciegas, es importante tener alguna idea de qué puede ir mal.
En mis 27 años de experiencia creando empresas y acompañando a decenas de emprendedores en el camino, he visto de primera mano qué hace que fracasen los proyectos. Aquí les cuento las cuatro principales razones por las cuales las empresas tienen que cerrar
1. Las ventas:
Sin ventas no hay nada, si su producto no resuelve un problema real y si las ventas no se dan, tarde o temprano va a tener que parar. La idea puede ser maravillosa y revolucionaria, pero si nadie está dispuesto a pagar por ella no va a funcionar.
Las ventas son el alma de la empresa, son las que mueven la caja, son las que dan las posibilidades de crecer, son las que impactan a todos los grupos de interés.
Fredy Vega me decía en una conversación que tuvimos hace unos años: “El 99% de los problemas de las empresas se resuelven vendiendo más”. Yo no estoy del todo de acuerdo, las ventas hacen que las empresas funcionen, pero también son muy importantes cosas como la cultura, las finanzas o los procesos.
Además, el que quiere emprender tiene que saber vender, es una condición indispensable.
Si lo piensan bien, se darán cuenta de que siempre están vendiendo: cuando buscan socios, cuando ofrecen el producto, cuando levantan capital, cuando piden un préstamo, incluso cuando buscan proveedores que crean en ustedes.
Así que a vender!
2. La caja y la rentabilidad:
Por otra parte, puede que vendan como si no hubiera un mañana, pero si no cuidan la liquidez y la rentabilidad, la empresa no tiene futuro. Va a llegar un momento en que no hay con qué pagar a los proveedores, empleados, bancos e impuestos.
“Las empresas se quiebran por la caja” esa es la frase más importante de las finanzas empresariales desde mi punto de vista.
Sin plata en el banco no hay empresa, tan simple como eso.
No es vender a la loca, es vender cuidando los números. Por un lado está la liquidez, ahí lo que hay que cuidar es que siempre haya dinero en la cuenta y que ese dinero sea suficiente para cubrir las obligaciones.
Y de otra parte está la rentabilidad, acá lo importante es que vendan a precios superiores a sus costos y gastos fijos. Si esa cuenta no da, tarde o temprano las cosas dejan de funcionar. La plata no es ilimitada
3. La salud mental y física:
Trabajar 20 horas al día, no parar, cortisol a mil, estrés todo el tiempo… Llega un punto en que el emprendedor no puede más y hasta ahí llegamos.
Puede que todo vaya bien en la empresa, pero si la persona que está liderando se funde, no hay nada que hacer.
En mi caso personal nunca he estado en riesgo de cerrar la empresa por problemas de liquidez, soy muy cuidadoso con los números. Pero en más de una ocasión hemos estado a punto de tirar la toalla y decir “no vamos más”. Tanto Sany como yo hemos pasado por momentos muy difíciles de salud mental y física que nos han llevado a pensar que es mejor cerrar la empresa y priorizar la vida.
Afortunadamente hemos logrado superar estos momentos y acá seguimos, pero tenemos claro que siempre seremos más importantes nosotros y nuestra relación que un proyecto empresarial.
4. Problemas con socios:
Muchas empresas se cierran porque los socios se separan, porque no se tuvieron las conversaciones incómodas desde el minuto uno, porque los caminos se bifurcan.
Miren muy bien con quién se asocian, esto es casi tan importante como casarse, no lo tomen a la ligera.
Hacer contratos de vesting, acuerdos de socios, asesorarse por abogados, hacer retiros espirituales… lo que sea necesario para que todo sea absolutamente transparente desde el principio y se alineen los intereses de todos. Emprender solo es extremadamente difícil, no lo recomiendo, pero ojo, que mal acompañado es aún peor.
