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Ahora que ya pasó la euforia de la Venezuela Tech Week, nos toca hacer el trabajo de un ecosistema maduro que no se deja llevar por métricas de vanidad: nos toca sentarnos con la taza de café (o té) en la mano, mirar los números y analizar el feedback para hacer un “reality check
En la primera parte de esta columna conversamos sobre las «verdades cómodas» y el saldo positivo que nos dejó la primera Venezuela Tech Week: volvimos al mapa, atrajimos miradas internacionales y el optimismo inundó nuestras redes.
Pero, ahora que ya pasó la euforia de la VTW, nos toca hacer el trabajo de un ecosistema maduro que no se deja llevar por métricas de vanidad: nos toca sentarnos con la taza de café (o té) en la mano, mirar los números y analizar el feedback para hacer un “reality check”.
Como mencioné en mi entrega anterior, hay una narrativa forzada de que “Venezuela está lista”. La realidad es que, para ser competidores globales, primero debemos identificar los tres elefantes que viven en nuestra sala. ¿En realidad estamos listos cuando se abran los portones y entendemos lo que esto significa? Veamos:
1. El espejismo del interés internacional
Fue emocionante ver a inversionistas e invitados internacionales en los hoteles de Caracas. Pero hagámonos otra pregunta incómoda y necesaria: de no haberse tenido todos los gastos pagados para traerlos, ¿habrían venido por cuenta propia a buscar oportunidades? La respuesta silenciosa es, probablemente, no.
Y la razón no es que no tengamos talento ni oportunidades de inversión, la razón es financiera y lógica: el capital internacional no entra donde el capital local no apuesta. Escuché de primera mano cómo la falta de confianza de los fondos extranjeros radica en que no ven a los inversionistas locales (nuestros propios empresarios y family offices) inyectando capital semilla en las startups venezolanas. Y lo interesante es que no esperan sumas grandes, con ver apuestas de $10K a $20K, su percepción cambia.
Estamos invitando a la visita a comprar en nuestra casa, cuando nosotros mismos no confiamos en nuestros propios cimientos.
Una próxima edición de la VTW debería enfocarse más en conectar family offices locales con oportunidades reales, o quizás plantearnos como ecosistema si el presupuesto que gastamos en traer validación externa generaría más impacto si lo inyectáramos directamente como capital semilla en nuestras propias startups. Cada agenda tiene su objetivo.
Habiendo dicho lo anterior, si ahora nos preguntamos si quizás este “pase libre” haya servido de abreboca para que vuelvan por sus propios medios, probablemente, sí.
2. Somos una aldea, no una metrópolis (Y eso está bien)
Hay un esfuerzo desmedido por aparentar que Venezuela, el gigante dormido, despertará y mágicamente se convertirá en el próximo Silicon Valley o será la nueva Colombia Tech Week. La data dice otra cosa: según el reciente Market Map de Venecapital nuestro ecosistema hoy cuenta con apenas unas 105 startups activas. Repito: 105.
Para ponernos en perspectiva, Colombia cuenta con un poco más de 2 mil emprendimientos tecnológicos, creciendo un 24% anual. A nosotros nos tomará tiempo y esfuerzo llegar a ese nivel competitivo. Nuestro pipeline apenas comienza a activarse en universidades, y el número de proyectos viables anuales rara vez llega a los dos dígitos.
No ver esto, y tratar de inflar esas narrativas para que el ecosistema parezca más grande, activo y atractivo de lo que es, nos hace un flaco favor.
Tener 105 startups no es un fracaso ni un problema, es nuestra línea base y nuestra realidad actual. Somos un ecosistema «boutique», debemos aprender a trabajar desde allí, lo que realmente somos. En lugar de intentar vender volumen y masividad que no tenemos, nuestro enfoque como organizadores y fundadores debería ser la hiper-calidad de esas 105 empresas.
Aceptemos nuestro tamaño para poder crecer estratégicamente en lugar de convertirnos en un ecosistema “vendedor de humo” o pretender copiar modelos que nos quedan grandes todavía.
3. El idioma de negocios y mecanismos de inversión
Aquí hablo desde mi trinchera. Tenemos ideas brillantes, pero nos estrellamos contra un muro: los fundadores venezolanos, en su gran mayoría, aún deben pulir su lenguaje global de los negocios. Y esto tiene dos frentes: el inglés y la industria de capital de riesgo o VC.
Puedes tener el mejor MVP de la región, pero si un VC te da 5 minutos en un pasillo y no puedes articular tu modelo de negocio en inglés con fluidez, pasas a la siguiente carpeta. Y si logras que te entiendan, pero no sabes qué es un SAFE, una nota convertible o cómo estructurar un ‘deal’, la puerta se vuelve a cerrar. No podemos hablar de internacionalización cuando esta doble barrera nos mantiene en la liga local.
A lo anterior, le sumo que algo que nos falta por entender es que: no toda startup es fondeable por VCs, ni toda startup es escalable. Eso está bien, pero si un founder que no encaja en el juego VC se acerca a un inversionista buscando un trato, esto solo es muestra de nuestra falta de madurez como ecosistema de emprendimiento.
Nuestra falta de madurez está bien, porque es la etapa de desarrollo en la que estamos, pero es importante no perder el foco: debemos priorizar “limpiar la casa bien” antes de recibir a la visita.
El verdadero trabajo empieza hoy
Un evento multitudinario no crea un ecosistema mágicamente; solo lo pone en vitrina. Y la vitrina que mostramos reveló que nos falta mucha infraestructura base… y eso no lo digo yo, se comentó en los pasillos cuando nos dijeron “estarán listos en 10 a 15 años”. Personalmente espero que sea mucho menos.
Mi invitación (y mi reto) para los organizadores de futuras ediciones y para todos los que hacemos vida en este ecosistema es que la próxima Venezuela Tech Week no se mida por cuánta gente asistió, o cuántos invitados trajimos con gastos pagos, sino por cuántos inversionistas locales decidieron apostar, por cuántos founders lograron hacer su pitch global y por cómo apoyamos a esas 105 valientes startups a llegar al siguiente nivel.
El evento ya terminó. Ahora nos toca construir el ecosistema.
Columna escrita por: Beatriz López, co-fundadora de Open English, co-fundadora de Itálicos.com, red social para la comunidad italiana en el mundo, Coach de inglés y mentora.
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