La transición energética y el desarrollo productivo de América Latina dependen de redes capaces de transportar más electricidad, integrar generación renovable y responder al crecimiento de la demanda con confiabilidad. Invertir en transmisión fortalece la capacidad de los sistemas eléctricos y permite que la energía llegue desde los centros de generación hasta las redes que abastecen hogares, servicios y empresas. Por eso, la sostenibilidad en el sector eléctrico debe evaluarse desde una perspectiva amplia: planificación resiliente, protección de la biodiversidad, uso eficiente de recursos y transparencia sobre los resultados.
En Guatemala, Conecta participa en esa tarea mediante el desarrollo, la operación y el mantenimiento de infraestructura de transporte de energía que contribuye a la continuidad del sistema y crea condiciones para el desarrollo del país. El Banco Interamericano de Desarrollo identifica la transmisión como un eje decisivo para construir sistemas confiables, competitivos y preparados para integrar nuevas fuentes de generación. Bajo esa lógica, las buenas prácticas deben incorporarse desde el diseño y mantenerse durante la construcción, la operación y el reporte de desempeño.
La región necesita redes sostenibles, resilientes y medibles
Una red sostenible debe anticipar la demanda, los riesgos climáticos y la incorporación de nuevas tecnologías. El BID propone fortalecer la planificación para convertir las necesidades de largo plazo en proyectos ejecutables, acompañados por regulación moderna y esquemas de financiamiento previsibles.
En la práctica, los operadores regionales están concentrando sus esfuerzos en cuatro frentes:
- Planificación con criterios climáticos y ambientales desde la selección del trazado.
- Aplicación de la jerarquía de mitigación: evitar, minimizar, restaurar y compensar.
- Medición de emisiones, consumo de energía, agua, residuos y desempeño de los activos.
- Publicación de resultados comparables mediante estándares internacionales y verificación independiente.
Este enfoque conecta la confiabilidad técnica con la gestión ambiental. Una línea preparada para integrar generación solar o eólica aporta a la transición energética, pero su sostenibilidad también depende de cómo se interviene el suelo, se protege la cobertura vegetal y se gestionan los riesgos para las comunidades.
Tecnología que reduce la intervención y mejora la operación
La innovación aplicada a la transmisión permite resolver necesidades técnicas con una menor huella. En Brasil, ISA informó que el proyecto Piraquê utilizó drones para el tendido de cables y la poda de vegetación, junto con estructuras de mayor altura para reducir la intervención ambiental en zonas complejas.
Conecta ha incorporado una práctica similar en Guatemala. Su Reporte Integrado de Sostenibilidad 2025 indica que los análisis de viabilidad biótica y el uso de drones permitieron evitar la intervención de 3.91 hectáreas. La tecnología también redujo la fragmentación de ecosistemas y generó un ahorro equivalente al 8% del costo de tendido.
La eficiencia se extiende a las subestaciones. Durante 2025, los sistemas solares de Pacífico, La Unión y Madre Tierra generaron 210,450 kWh para autoconsumo. Además, fueron instalados sistemas en Santa Ana y Pantaleón, mientras un proyecto piloto sustituyó equipos convencionales de climatización por tecnología Inverter en La Vega II.
Conecta convierte los estándares en resultados verificables
La sostenibilidad también debe poder medirse y comprobarse. Para ello, existen estándares internacionales como los GRI, que establecen criterios para reportar de forma ordenada los impactos económicos, ambientales y sociales de una organización.
En esa línea, el Reporte Integrado de Sostenibilidad 2025 de Conecta fue elaborado tomando como referencia estos estándares. Además, una selección de los indicadores incluidos en el documento fue sometida a un proceso de aseguramiento limitado independiente por parte de Deloitte, lo que aporta una revisión externa sobre la información reportada.
El informe también reporta 1,230 monitoreos de biodiversidad ejecutados, 9,332 árboles plantados en 8.4 hectáreas y 61 ejemplares de orquídeas entregados al Jardín Botánico de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Estas cifras muestran por qué las mejores prácticas regionales deben observarse como un sistema y no como acciones aisladas. La planificación reduce riesgos, la tecnología limita intervenciones, la eficiencia mejora el uso de recursos y el reporte permite evaluar avances.
Para el sector eléctrico latinoamericano, la sostenibilidad adquiere valor cuando puede ser integrada a la operación, medida con consistencia y explicada con evidencia. Esta combinación ofrece a inversionistas, reguladores y comunidades una lectura más completa del desempeño y convierte cada proyecto en una oportunidad de aprendizaje para futuras expansiones.
