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Por: Nicolás Villa, CEO de Platam
Cualquier empresario en Latam sabe lo difícil que es conseguir financiamiento. Pero, ¿realmente somos conscientes de la magnitud del problema? Solo en Latam, las micro, pequeñas y medianas empresas enfrentan una brecha de crédito que supera los 1.2 trillones de dólares, según el International Finance Corporation. Lo más preocupante es que esta brecha no surge de una baja demanda o incluso de la oferta, tiene múltiples causas, pero una de las más fundamentales es un problema estructural que en Platam llamamos la asimetría de la información.
¿Qué es realmente la asimetría de información?
Es cuando las instituciones financieras no pueden ver la verdadera capacidad de pago y el potencial real de crecimiento de las MiPymes. Las causas de este fenómeno son diversas: desde la falta de registros contables estructurados hasta distorsiones propias del entorno latinoamericano, donde las altas cargas tributarias llevan a muchas empresas a subreportar ingresos y sobredimensionar gastos deducibles como mecanismo de supervivencia fiscal.
En Colombia, los altos costos impositivos llevan a muchas empresas a reportar deliberadamente menos ingresos y más gastos en sus estados financieros. El resultado es paradójico: mientras más “exitosa” es una empresa en optimizar su carga tributaria, peor se ve ante los ojos de un prestamista potencial. Los estados financieros oficiales muestran una empresa débil, cuando la realidad operativa puede ser completamente diferente.
Esta distorsión crea un círculo vicioso. Las instituciones financieras, al revisar documentos que no reflejan la realidad, perciben riesgos inflados y terminan negando créditos o imponiendo condiciones prohibitivas a empresas que, en realidad, tienen solidez operativa.
El impacto en ambos lados de la ecuación
Pongámonos en los zapatos de un financiador tradicional. Llega un pequeño comerciante en busca de capital para surtir su negocio. Sus estados financieros muestran márgenes mínimos, su documentación es básica y sus registros contables reflejan más una estrategia fiscal que una realidad comercial. Desde la perspectiva del financiador, es como observar una caja negra: la información disponible no permite evaluar el verdadero riesgo. Ante esa incertidumbre, la reacción más común es abstenerse de prestar o imponer condiciones poco competitivas.
Ahora, regresemos al lado del comerciante. Sin acceso a crédito, se ve obligado a operar solo con su flujo diario. Compra inventario en pequeñas cantidades, incurre en costos logísticos innecesarios, pierde oportunidades de descuento y, con un surtido limitado, ve reducirse sus ventas y la lealtad de sus clientes. La asimetría de información no solo limita su acceso al crédito; bloquea completamente su capacidad de crecer y ser competitivo.
La solución: visibilidad a través de la operación real
Afortunadamente, hoy contamos con herramientas para romper este círculo. Una de las más efectivas es el financiamiento de la cadena de suministro, impulsado por plataformas digitales. Esta solución se basa en una lógica simple pero poderosa: usar la propia operación comercial como fuente de información confiable, más allá de los estados financieros tradicionales.
Cada factura aprobada, cada orden de compra, cada entrega y cada pago generan datos que permiten construir un perfil financiero mucho más preciso que cualquier balance contable. Cuando un financiador puede observar en tiempo real el flujo real de bienes y dinero, el riesgo deja de ser un misterio y se vuelve cuantificable. La decisión de financiar deja de ser un acto de fe y pasa a ser una decisión empresarial basada en datos verificables de la operación diaria.
El futuro de la inclusión financiera
La verdadera inclusión financiera parte de la visibilidad operativa. El reto de las MiPymes no es solo conseguir financiamiento. Es lograr que el mercado, los financiadores y las grandes empresas reconozcan su verdadera salud financiera, más allá de lo que muestran unos estados financieros que pueden estar distorsionados por estrategias fiscales legítimas pero que no reflejan la realidad operativa.
Con más de 141 millones de microempresas en países en desarrollo, el financiamiento digital de la cadena de suministro representa una herramienta clave para construir un crecimiento empresarial más justo, eficiente y sostenible. Cuando una MiPyme crece, no es solo su balance el que mejora: crece el empleo, la innovación y la economía de su país.
