El minado de Bitcoin genera toneladas de deshechos electrónicos

Tomando en cuenta la popularidad creciente del Bitcoin, que la hace la criptodivisa con mayor aceptación y valor del mundo, además de haber logrado convertirse en moneda de curso legal en El Salvador, un nuevo estudio titulado Bitcoin’s growing e-waste problem, publicado en la revista Resources, Conservation and Recycling, y en Science Direct, hace un llamado de atención a lo que implica en términos ambientales minar e intercambiar esta moneda. 

Las transacciones con Bitcoin, que tiene ahora mismo un valor por encima de los 43 mil dólares, son capaces de generar una cantidad anual de desechos electrónicos de hasta 64,400 toneladas métricas. Una cantidad que por sí sola representa una seria amenaza para el medio ambiente. 

Bitcoin se ejecuta en una red informática descentralizada que rastrea las transacciones que se hacen con la criptomoneda. Cuando las computadoras en la red verifican y procesan transacciones, se crean o extraen nuevos bitcoins. La actividad de estas computadoras en red constituye el proceso de minar la criptodivisa.

Tan solo dos transacciones para minar Bitcoin pueden generar tanto desperdicio como un iPad desechado. Bitcoin genera de media 272 gramos de basura electrónica, un iPhone 13 tiene un peso de 173 gramos, por lo tanto, cada transacción con Bitcoin es capaz de generar residuos equivalentes a más o menos un móvil y medio.

 

Minar Bitcoin constituye un dilema ambiental

Además del excesivo consumo energético que se requiere para echar a andar estas computadoras, este sistema de minería también crea presiones para que los mineros utilicen solo los chips de computadora más recientes, más rápidos, y de mayor eficiencia energética, provocando el constante descarte de piezas cuyo reciclaje requiere de una gran cantidad de tecnología para separar sus componentes. Algo que no está al alcance de todas las naciones. 

La creciente demanda de hardware para la minería también ha interrumpido ya las cadenas de suministro de semiconductores globales. El problema de los desechos electrónicos probablemente crecerá aún más si el precio de la moneda continúa aumentando, ya que incentivará una mayor inversión y más reemplazo de hardware en el mediano plazo.

Según la ONU, los desechos electrónicos constituyen el flujo de desechos de más rápido crecimiento en el mundo, generando entre 2014 y 2019, 53,6 millones de toneladas métricas, de las que menos de una quinta parte es reciclada.

En un planeta sometido a suficiente tensión climática y ambiental no parece una buena idea sumar más problemas. El estudio nos recuerda que el creciente consumo de energía de Bitcoin no es lo único que debería preocuparnos. También es hora de comenzar a cuestionar si esa inmensa cantidad de hardware de corta duración beneficia a la humanidad en absoluto. 

 

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