Inversión de las grandes empresas de EEUU y su impacto en la migración desde Centroamérica

Al tratar de comprender por qué las personas migran, algunos académicos enfatizan la toma de decisiones individual, mientras que otros señalan a fuerzas estructurales más amplias que actúan sobre una persona. 

Muchos de los primeros estudiosos de la migración resaltaron la importancia de los llamados factores de atracción. Es decir que, según este punto de vista las personas deciden abandonar su tierra natal cuando las condiciones allí ya no son satisfactorias, y cuando las condiciones en otra zona sí que son más atractivas.

No hay duda de que la mayoría de los centroamericanos que quieren migrar están motivados por factores económicos y condiciones que podríamos llamar estructurales, de manera que sí se ajustan a esa visión de la migración, en la que una persona busca simple y sencillamente, mejorar sus condiciones de vida. 

Según un estudio del Programa Mundial de Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas, alrededor del 92% de las personas encuestadas en El Salvador, Guatemala y Honduras, que expresaron su deseo de migrar, citaron razones económicas como el desempleo, la falta de dinero para alimentos y necesidades básicas, el deseo de enviar remesas, y la necesidad de un mejor trabajo. 

Aquí la primera alarma. Si bien los factores económicos no son nuevos en la medida en que otras investigaciones los han documentado antes, es cierto que las cifras que se citan sobre esos factores son mayores hoy que en cualquier otra época del pasado. El informe surge en momentos en que la migración desde Centroamérica ha aumentado sustancialmente en las últimas tres décadas, en un 137% entre 1990 y 2020. 

Datos de American Community Surveys 2010 y 2019 de la Oficina del Censo de los EE. UU. / migrationpolicy.org

Se estima que 16,2 millones de personas de la región residían en un país distinto a su país de origen en 2020, según los datos que aportan las Naciones Unidas.

Estados Unidos vuelca sus recursos para frenar la migración desde Centroamérica involucrando el músculo de su sector privado

El Gobierno de los Estados Unidos, a través de su vicepresidenta Kamala Harris, ha fortalecido la estrategia para frenar la migración desde los países del Triángulo Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras) con nuevas inversiones de capital privado que ascienden a unos 450 millones de dólares, y que serán aportados por compañías como Microsoft, Cargill, o PepsiCo, entre otras. 

Harris ha asegurado inversiones del sector privado en la región por valor de más de $1.2 mil millones, según declaraciones de altos funcionarios de la Casa Blanca. Esto sigue a una ronda similar por valor de $750 millones anunciada por compañías como Microsoft y Mastercard en mayo de 2021.

De esta manera la administración Biden pretende redoblar los esfuerzos para combatir las causas de raíz que empujan a salir de su país a decenas de miles de centroamericanos. El nuevo conjunto de compromisos incluye planes de Pepsico para invertir al menos $190 millones en el norte de Centroamérica hasta 2025, lo que implica mejoras a las plantas de fabricación existentes, y la expansión de las rutas de distribución.

El comerciante mundial de productos básicos Cargill invertirá $150 millones adicionales durante los próximos cinco años para ayudar a los agricultores y crear empleos en los países del Triángulo Norte. Parkdale Mills, compañía que produce hilados y productos de algodón, construirá una nueva planta hilandera en Honduras, e invertirá $150 millones.

La citada Microsoft busca desarrollar las habilidades tecnológicas de unas 100.000 personas de la región, para que puedan conseguir empleos mejor remunerados. Mastercard invertirá 100 millones de dólares para incorporar formalmente al sistema financiero a cinco millones de personas de los tres países centroamericanos del triángulo: Guatemala, Honduras, y El Salvador. 

Tabulación de datos de la Oficina del Censo de los EE.UU. / migrationpolicy.org

La realidad: la inversión por sí sola no resolverá la crisis migratoria de Centroamérica

Aunque la falta de inversión extranjera está lejos de ser el único factor que impulsa a las personas a emprender el viaje hacia el norte, la idea es que la mejora de las condiciones económicas podría contribuir a generar estabilidad en la región, que durante mucho tiempo ha sufrido de una corrupción persistente, instituciones gubernamentales débiles, y altísimos niveles de crímenes violentos.

Pero, es preciso comprender que hay un largo camino por recorrer para persuadir a las personas de que las oportunidades económicas en casa son mejores que las que podrían encontrar en los Estados Unidos. La cantidad de dinero que se necesita para comenzar a hacer mella en la mentalidad de guatemaltecos, salvadoreños, y hondureños, es mucho mayor de lo que hemos visto en los últimos tiempos.

Actualmente, un promedio muy alto de los trabajadores en los tres países del Triángulo Norte tienen trabajos informales, a menudo mal pagados, como vendedores ambulantes, trabajadores domésticos, o trabajadores agrícolas sin un salario mensual fijo o beneficios de ninguna clase. 

Por lo general, no pagan impuestos, lo que significa que no pueden acceder a las pensiones del gobierno o al crédito de las instituciones financieras, y a menudo, trabajan en malas condiciones con poca seguridad laboral o la certeza de que podrán satisfacer las necesidades básicas de sus familias.

Esto significa que no se trata solo de dinero. Las inversiones deben ir acompañadas de otras medidas para mejorar la calidad de vida en el Triángulo Norte, pero sobre todo para combatir la rampante corrupción en el sector público, y no a expensas de las organizaciones locales que podrían tener una mejor idea de cómo utilizar eficazmente los dólares que las grandes empresas multinacionales comenzarán a inyectar.

Una solución potencialmente más duradera consiste en garantizar que la fuerza laboral del Triángulo Norte esté preparada para atraer más inversión extranjera y competir por empleos de mayor calidad en un mercado global. Eso también puede ayudar a aliviar la desigualdad estructural en estas economías, que están dominadas localmente por las élites, muchas de las cuales sobornan a los políticos para permitir sus prácticas comerciales ilícitas y anticompetitivas.

Algo así no sucederá rápido, pero supone mejorar la educación, y no solo la educación formal, sino también la formación profesional que puede preparar a los estudiantes para llenar los nichos buscados por inversores internacionales de las industrias llamadas a liderar los negocios del futuro cercano.  

Costa Rica, que atrajo más inversión extranjera directa en 2019 que todos los países del Triángulo Norte juntos, puede servir como un modelo potencial en ese sentido. Finalmente, los grupos de la sociedad civil en el Triángulo Norte están mucho más comprometidos para velar porque estos proyectos sean exitosos.

Las compañías y el gobierno de los Estados Unidos haría bien no solo invirtiendo más, sino invirtiendo en este conjunto de socios domésticos que en verdad comprenden las condiciones locales y las causas de la migración de su propia gente, tanto en las áreas rurales como en las ciudades.

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