LATAM Impact y el impulso de una nueva generación de inversión en la región

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LATAM Impact es una fintech que ha ganado relevancia en el ecosistema de inversión en América Latina al proponer una idea clara y disruptiva: el impacto y el desempeño financiero no compiten entre sí, sino que se potencian mutuamente. Bajo esta premisa, la firma busca conectar capital global con empresas de la región que integran propósito, innovación y crecimiento sostenible en sus modelos de negocio. Su enfoque se centra en construir un ecosistema donde el valor financiero y el valor social avanzan de la mano, especialmente en un contexto donde la región aún enfrenta una importante brecha de financiamiento para emprendimientos de alto impacto.

En los últimos años, América Latina se ha posicionado como un territorio estratégico para la inversión de impacto. La combinación de talento emprendedor, desafíos estructurales y riqueza de recursos naturales ha dado lugar a un entorno donde las soluciones innovadoras no solo son necesarias, sino altamente escalables. Sin embargo, persiste una desconexión entre el capital global disponible y las empresas que están desarrollando soluciones regenerativas, inclusivas y sostenibles.

Un ecosistema en transformación hacia la inversión con propósito

Este escenario ha impulsado la consolidación de nuevos modelos de inversión que buscan ir más allá de la rentabilidad tradicional. Cada vez más actores del ecosistema entienden que el crecimiento económico sostenible requiere integrar variables sociales y ambientales dentro de la toma de decisiones de inversión. En este sentido, las plataformas de inversión de impacto están redefiniendo el rol del capital, convirtiéndolo en una herramienta activa para la transformación económica y social de la región.

Este cambio de paradigma está atrayendo la atención de inversionistas globales que ven en América Latina no solo un mercado emergente, sino una oportunidad para construir modelos de desarrollo más resilientes y sostenibles. En este contexto, las fintech y vehículos de inversión especializados en impacto juegan un papel clave en la conexión entre capital, conocimiento y emprendimiento.

Recientemente, la fintech fue reconocida al obtener el CAFI Pitch Season, un hito que refuerza su posicionamiento dentro del ecosistema de inversión de impacto en la región.

Redefiniendo la inversión en América Latina: la visión de Will Blakey y LATAM Impact

En este marco, Pulso Capital entrevistó a Will Blakey, fundador de LATAM Impact, con el objetivo de profundizar en la visión de la compañía, entender cómo opera su modelo de inversión, conocer sus objetivos estratégicos y explorar sus planes a futuro. Una conversación que permite adentrarse en una propuesta que está redefiniendo la forma de invertir en América Latina, combinando retorno financiero, propósito y construcción de impacto real.

¿Podrías contarnos con tus propias palabras de qué trata tu startup, cuál es su misión, su visión y el objetivo más amplio que estás buscando alcanzar?

Mi propósito principal es impulsar el cambio de sistemas, algo que me inspira profundamente. Aunque fui un emprendedor exitoso desde joven, descubrí que enfocarme solo en el dinero me dejaba un vacío. Por eso busqué una manera de combinar negocios con impacto social. Desde una visión más amplia, cuestiono sistemas como el educativo, sanitario y financiero, ya que considero que limitan el potencial humano.

Hace unos cinco años inicié un club de inversión de impacto en Bali con el objetivo de apoyar la economía local y mejorar el medio ambiente. Nos enfocamos en áreas como agua, residuos, energía y tecnología, invirtiendo en empresas de reciclaje, gestión de residuos y plataformas que generan oportunidades, especialmente para mujeres. Más allá de invertir, creamos un ecosistema donde las empresas colaboran entre sí y reciben apoyo mediante mentoría, no solo financiamiento.

Este enfoque, basado en propósito y colaboración, ha generado resultados sólidos: todas nuestras empresas siguen activas y hemos logrado una alta tasa de éxito, posicionándonos como el principal club de inversión de impacto en Indonesia.

Hace tres años me mudé a Guatemala, donde encontré desafíos similares a los de Indonesia: desigualdad social y problemas ambientales. Sin embargo, también vi una oportunidad, ya que el capital extranjero aún tiene dificultades para llegar a estos mercados. Nuestro objetivo ahora es replicar y expandir este modelo en Latinoamérica, enfocándonos en energía, tecnología y desarrollo regenerativo, aprovechando mejores condiciones para la inversión.

En resumen, buscamos generar impacto positivo utilizando nuestra experiencia para crear oportunidades sostenibles y transformar sistemas desde dentro.

¿Cómo lograron definir la visión global de su empresa, y cómo influyó el hecho de haber comenzado en Guatemala en sus planes de expansión hacia Latinoamérica?

Hemos logrado construir una red sólida en Guatemala y Centroamérica, lo que nos ha permitido identificar empresas clave con impacto en Latinoamérica. Una de ellas es Starseed Network, enfocada en agricultura regenerativa, con proyectos iniciales en Guatemala, incluyendo una región rural maya y Antigua, que destaca por atraer inversión extranjera y generar un efecto multiplicador en el ecosistema.

Este impulso no solo beneficiará a Guatemala, sino que fortalecerá proyectos en otros países como Costa Rica, Brasil, Colombia y Paraguay, donde ya existen colaboraciones en regeneración de tierras.

Otra empresa importante es Eco Filtro, que está invirtiendo 10 millones de dólares para expandir su producción y abrir una nueva fábrica. Actualmente opera en 26 países y continúa creciendo hacia mercados como Estados Unidos y Argentina.

También se incluye una empresa de energía solar con más de 200 estaciones en Centroamérica, y Eden Energy, centrada en la conversión de residuos en energía. Esta última destaca por su tecnología patentada que permite procesar distintos tipos de residuos sin necesidad de separarlos, generando energía, biocarbón y fertilizante. En Antigua, su implementación podría producir más energía de la que consume la ciudad, resolviendo al mismo tiempo el problema de residuos.

Aunque algunas de estas empresas operan a nivel internacional, el enfoque principal sigue siendo Guatemala, con la intención de consolidar el éxito local mientras se amplía el impacto en la región.

Dado que el objetivo es combinar un impacto medible con una sólida rentabilidad financiera, ¿Cómo se evalúa en la práctica esa coherencia al momento de seleccionar inversiones? Además, ¿Qué señales tempranas alertan de que una empresa podría empezar a priorizar el crecimiento por encima de su misión, y cómo se gestiona ese riesgo dentro de la organización?

Para nosotros, el impacto es la prioridad. De hecho, evaluamos el impacto de una empresa incluso antes de analizar sus aspectos financieros. Sabemos que algunas firmas de inversión lo hacen al revés: primero revisan la rentabilidad y luego comprueban si se ajusta a su mandato de impacto, para no perder tiempo en proyectos sin beneficios. Nosotros operamos de forma distinta.

Nuestro objetivo es apoyar a las empresas. Incluso a aquellas que solicitan financiación les brindamos acompañamiento y retroalimentación crítica que les ayude a avanzar. Si una empresa está generando un impacto positivo, estamos dispuestos a evaluarla más allá de sus cifras. Sin embargo, todo parte del equipo fundador. Es fundamental entender qué los impulsa: si realmente están guiados por una misión o si priorizan el beneficio económico y lo presentan como propósito.

Construir una relación sólida requiere coherencia y profundidad. Desde nuestra perspectiva, no existe el riesgo de priorizar el crecimiento por encima de la misión; contamos con cinco años de experiencia que demuestran lo contrario. En lo personal, me motiva una visión más amplia que el dinero, aunque, por supuesto, la sostenibilidad económica es indispensable.

En cuanto a la medición y el reporte de impacto, hacemos un seguimiento detallado de cada dólar invertido: cuántos kilogramos de plástico se retiran del medio ambiente, cuántas emisiones de dióxido de carbono se reducen o se evitan, cómo aumentan los ingresos de personas con bajos recursos, cómo disminuyen los niveles de pobreza y cuántas mujeres se integran en nuestras empresas participadas. Toda esta información se comparte anualmente con nuestros accionistas.

¿Has tenido alguna vez una situación en la que el impacto de una decisión y su rentabilidad hayan generado cierta preocupación o escrutinio? ¿Cómo lo gestionaste y hasta qué punto permites que ese tipo de factores influya en tus decisiones?

No, la verdad es que no hemos tenido ese tipo de situaciones. Nuestro proceso de inversión es muy selectivo: invertimos en aproximadamente el 1,5 % de las empresas que solicitan financiación (unas 9 de cada 600).

Las compañías pasan primero por un análisis exhaustivo por parte de nuestros analistas, que revisan la documentación, el data room, y se reúnen con los fundadores. Solo si superan esta fase, llegan al comité de inversión, que toma la decisión final.

Dado este proceso tan riguroso y la experiencia del comité, normalmente no surgen discrepancias relevantes en cuanto a impacto o rentabilidad, ya que las decisiones están muy bien fundamentadas desde el inicio.

En el contexto de los mercados emergentes, donde el acceso a las oportunidades puede ser desigual o fragmentado, ¿Qué criterios y procesos específicos utilizáis para construir un pipeline de inversión realmente selectivo? Además, ¿Qué medidas adoptáis para minimizar sesgos en la evaluación y selección de startups?

Nos apoyamos en dos pilares para construir un flujo sólido de oportunidades: por un lado, la colaboración con aceleradoras, incubadoras y otros fondos; y por otro, nuestro evento insignia, Angels and Founders.

Este evento, que celebramos cada seis semanas en el sudeste asiático (y también en otras regiones como EE. UU. y Guatemala), es un formato de pitch en directo donde las startups presentan su proyecto en cuatro minutos, seguidos de seis minutos de preguntas y respuestas. Un jurado de hasta cinco perfiles relevantes del sector evalúa las presentaciones, aportando rigor y atracción tanto para inversores como para fundadores.

Además del componente de selección, el evento está diseñado para generar networking, visibilidad y conexiones de valor. Hemos organizado más de 20 ediciones, con miles de startups participantes y asistentes, además de una fuerte difusión online. Suelen celebrarse en espacios de alto nivel como oficinas de grandes compañías o incubadoras.

En definitiva, combinamos alianzas estratégicas con un formato de eventos muy estructurado que nos permite identificar startups de impacto y fortalecer el deal flow de manera continua.

Has mencionado que muchas startups en etapas tempranas pueden acabar incorporando capital con intereses no del todo alineados, lo que puede generar desafíos a futuro. ¿Qué mecanismos concretos utilizas —ya sean estructuras de inversión, cláusulas o dinámicas dentro de la comunidad inversora— para proteger la misión de la empresa a lo largo del tiempo?

Nuestra estructura de inversión está diseñada precisamente para proteger a las empresas de posibles desalineaciones. Cuando un inversor participa en una de nuestras compañías, no invierte directamente en la startup, sino a través de un vehículo de propósito específico (SPV), que nosotros gestionamos en Latam Impact. Esto significa que el inversor no tiene derechos de gobernanza ni influencia directa sobre la empresa.

Esta separación crea una capa de protección que evita presiones externas sobre la compañía. Además, actuamos como guardianes de la misión, asegurándonos de que los inversores comprendan desde el inicio que somos un fondo orientado al impacto, sin renunciar a la rentabilidad.

En la práctica, este enfoque permite equilibrar ambos objetivos. Por ejemplo, en una de nuestras empresas de gestión de residuos en Indonesia, hemos logrado una salida con retornos estimados de entre 8 y 13 veces el capital invertido, combinando impacto ambiental con un rendimiento financiero significativo.

¿Cómo seleccionáis a los miembros de vuestra comunidad de inversores? Y, en relación con las inversiones, ¿Cómo se decide qué empresas forman parte de vuestra cartera?

Realizamos un proceso de diligencia debida para seleccionar a nuestros inversores. Cuando alguien expresa interés en participar, evaluamos su trayectoria como inversor, su cartera actual y sus motivaciones, para entender si su enfoque está orientado al impacto social y medioambiental o principalmente al retorno financiero.

Si su motivación es puramente económica, no necesariamente se le excluye, pero es clave alinear expectativas desde el inicio, especialmente sobre nuestro horizonte de inversión de medio a largo plazo (cinco a siete años). Además, al no tener derechos de gobernanza sobre las empresas ni sobre el vehículo de inversión, se minimizan posibles fricciones.

En general, preferimos inversores alineados con la misión, aunque mantenemos flexibilidad para incorporar capital siempre que haya una comprensión clara del modelo y sus condiciones.

Dado que vuestro modelo depende en gran medida de la confianza, ¿Cómo construís y mantenéis la credibilidad tanto con inversores como con fundadores en un ecosistema tan diverso como Latinoamérica?

La confianza se construye con relaciones cercanas, comunicación clara, transparente y constante. Utilizamos comunicados de prensa independientes para dar visibilidad pública a nuestras inversiones y reforzar la credibilidad. Además, organizamos reuniones, cenas y eventos para fomentar la relación entre inversores y comunidad.

La transparencia total en reportes financieros e impacto es clave. También generamos confianza aportando valor desde el inicio, como con herramientas y estudios de mercado que mapean el ecosistema de inversión de impacto en Latinoamérica, dando visibilidad a actores locales.

El principal reto no es la apertura del mercado, sino la percepción externa de riesgo político y económico, que puede afectar la confianza de inversores internacionales.

Los modelos de inversión basados en relaciones suelen ser difíciles de escalar. ¿Cómo planeáis crecer sin perder calidad en la selección ni coherencia de valores?

Somos un equipo ágil, lo que nos permite operar eficientemente. La escalabilidad se basa en crecer de forma estructurada, incorporando líderes adecuados que aseguren control de calidad.

Estamos evolucionando hacia un fondo propio de 50 millones de dólares, lo que permitirá acelerar el proceso de inversión y hacerlo más eficiente, reduciendo tiempos de ejecución que antes podían ser de meses.

El aprendizaje del Sudeste Asiático nos ha mostrado que estructurar un fondo mejora la velocidad, el acceso a capital y la capacidad de coinversión, haciendo el modelo más escalable sin perder rigor.

¿Cómo aseguras que todo el equipo de Latam Impact mantiene los mismos criterios y valores?

La consistencia se logra principalmente en el proceso de selección. Buscamos personas alineadas con una visión de impacto, lo cual se detecta claramente en entrevistas y en su forma de entender el propósito del proyecto.

La cultura de la empresa actúa como filtro natural: atraemos perfiles alineados con nuestra misión. Más que un proceso complejo, se trata de asegurar desde el inicio que las personas compartan los valores correctos.

¿Cómo crees que evolucionará el capital de riesgo en Latinoamérica en los próximos 10 años y qué papel jugará Latam Impact?

Es difícil predecir con precisión a 10 años, pero la tendencia es clara: Latinoamérica está pasando de ser un mercado emergente a uno cada vez más atractivo para la inversión internacional. Se espera mayor confianza, más flujo de capital y un ecosistema más maduro, impulsado por casos de éxito y mayor estabilidad percibida. Latam Impact aspira a ser parte de esa transición, facilitando capital hacia empresas de impacto y contribuyendo al desarrollo del ecosistema.

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