Transporte público: el mensaje incompleto

Mi columna en Invertia de esta semana se titula «El efecto del transporte público» (pdf), y analiza la medida anunciada ayer durante el debate sobre el estado de la nación por el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, con respecto a la gratuidad de los trenes de Cercanías, Rodalíes y media distancia operados por RENFE, que trata por un lado de facilitar el uso y reducir el coste a los usuarios que los utilizan para ir a trabajar y, por otro, de fomentar un uso mayor del transporte público que contribuya a la descarbonización y al ahorro energético.

Abaratar el transporte público es una medida relativamente habitual en tiempos de crisis, sobre todo teniendo en cuenta que esa partida del gasto de las familias ha sido, en algunas ocasiones, detonante de malestar social e incluso de graves disturbios. Empezar por los trenes, que son de competencia estatal, puede ser razonable, aunque la realidad es que representan tan solo una parte de los desplazamientos al trabajo de los ciudadanos españoles, y que de lo que se trata, fundamentalmente, no es de dar un cierto alivio en el gasto hasta diciembre, sino de que cuantos más españoles posibles puedan plantearse el transporte público como una opción frente al automóvil particular.

En ese sentido, no han sido pocas las experiencias con el transporte público gratuito: la capital de Estonia, Tallinn, lo hizo en mayo de 2018, pero también han puesto en marcha programas similares la ciudad estado de LuxemburgoDunkerque y hasta veintitrés ciudades francesas más pequeñas. El resultado no puede ser más alentador: eliminar la fricción relacionada con el uso del transporte público mejora su nivel de uso y su tasa de adopción, hace que más personas se planteen recurrir a él de manera sistemática y tiende, por tanto, a reducir el uso del automóvil privado.

Pero si este tipo de medidas son la zanahoria, el uso complementario del palo también contribuye a los mismos fines, y no debe olvidarse: lo que más reduce el uso cotidiano del automóvil privado son las restricciones, los peajes de acceso y pagos por congestion, la declaración de zonas de bajas emisiones – obligatoria en España para todos los municipios de más de cincuenta mil habitantes antes del 2023 – y, sobre todo, la reducción y eliminación del parking en superficie.

Una medida absolutamente lógica que no admite discusión: el uso de la vía pública para aparcar un vehículo privado supone una apropiación de un espacio que podría dedicarse a usos muchísimo mejores, y que tiene cada vez menos sentido. Pocas cosas desincentivan más el uso del automóvil privado que el no tener donde aparcarlo. En su lugar, el recurso al trabajo distribuido cuando sea posible, que en algunos lugares como los Países Bajos están convirtiendo en un derecho, y al transporte público pueden dar lugar a fuertes reducciones en su uso, que posibilitan ciudades más razonables, menos congestionadas y menos contaminadas.

La forma de convertir una medida coyuntural como la de la gratuidad de los trenes de cercanías hasta diciembre en un verdadero progreso es, simplemente, completarla. Si el compromiso con la emergencia climática es de verdad serio, va a haber que hacer cosas que los ciudadanos agradecerán, como esa, con otras que les gustarán menos, pero que tendrán que aceptar por el bien común y por el compromiso con el futuro.

Publicado en enriquedans.com el 13.07.2022

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