Cuando pensamos en movilidad eléctrica, solemos imaginar el vehículo y el cargador. Sin embargo, en un edificio residencial, el punto de carga es apenas la parte visible de un sistema más amplio. Antes de instalarlo hay que resolver la capacidad eléctrica, las protecciones, la medición, la conectividad y una forma ordenada de distribuir la energía. Por eso, la conversación sobre movilidad eléctrica dentro de un proyecto residencial debe comenzar mucho antes de elegir los equipos.
En ese contexto, la Agencia Internacional de Energía señala que la carga en casa sigue siendo la opción más utilizada por los propietarios de vehículos eléctricos. También advierte que el tipo de vivienda influye en el acceso a esta infraestructura. Para los desarrolladores, este escenario plantea una responsabilidad concreta: preparar los inmuebles para una demanda que crecerá, aunque no sea posible saber con exactitud cuándo ni en qué espacios aparecerá.
Ahí surge la principal dificultad. La demanda será progresiva, pues no todos los residentes necesitarán un cargador al mismo tiempo. Sobredimensionar la instalación desde el primer día puede representar un costo innecesario. En cambio, aplazar cualquier preparación puede exigir nuevas canalizaciones, interrupciones y obras sobre un edificio ya ocupado. La respuesta está en crear una plataforma flexible que pueda ampliarse conforme cambien las necesidades.
Frente a ese escenario, la gestión dinámica de carga permite aprovechar mejor la infraestructura disponible. En lugar de asumir que todos los vehículos consumirán su potencia máxima de manera simultánea, el sistema distribuye automáticamente la energía entre los automóviles conectados. Así reduce el riesgo de sobrecarga y optimiza la capacidad instalada. A la vez, la medición individual permite asignar el consumo correspondiente a cada usuario. La conectividad adquiere entonces una función operativa dentro del edificio, además de servir a sus residentes.
En la práctica, Ferré Diez, proyecto residencial de Grupo Onyx, incorporó esta lógica como parte de su infraestructura. Dos cargadores están instalados y en uso, mientras que otros propietarios pueden solicitar la conexión eléctrica e instalar el equipo cuando lo necesiten. Para sostener la comunicación del sistema se dispusieron 21 puntos de acceso en los cinco niveles de sótanos y cableado estructurado categoría 6. Asimismo, un levantamiento técnico y mapas de cobertura permitieron validar la señal, con la posibilidad de realizar ajustes según la demanda real. Un controlador central también envía por wifi los datos necesarios para facturar el consumo de cada cargador.
Estos elementos suelen pasar desapercibidos porque el usuario identifica el cargador, pero no los tableros, el cableado, los puntos de acceso, la medición ni las reglas de distribución que lo respaldan. Sin embargo, esa infraestructura determina si el sistema puede crecer con seguridad y sin reconstruir lo que debió preverse. En la columna del mes pasado planteamos que las decisiones sostenibles comienzan antes de que un edificio abra sus puertas. La movilidad eléctrica lleva esa idea a un terreno concreto: estar preparado significa conservar la capacidad de adaptarse.
Este aprendizaje también se extiende a otras tecnologías. Los sistemas de internet de las cosas, automatización, seguridad y gestión energética dependen de decisiones tomadas durante el diseño arquitectónico y eléctrico. Por la misma razón, su integración exige coordinación entre especialidades y una evaluación financiera que considere la vida útil del inmueble, además del costo inicial de la obra.
En Grupo Onyx hemos comprobado que preparar un edificio para el futuro depende de una base capaz de incorporar nuevas soluciones con orden, datos y criterios de seguridad. En materia de movilidad eléctrica, el verdadero avance se refleja tanto en los cargadores disponibles hoy como en la facilidad con la que el inmueble podrá responder a quienes los necesiten mañana.
